- nomepierdoniuna - https://www.nomepierdoniuna.net -

Ana Fernández gana con suficiencia en el juego de palabras de 'El lunar de Lady Chatterley'

Ana Fernández, metida en el papel de Constance, muestra los documentos de su defensa en el Paranimf de la UJI. Foto: Àlex Pérez.

No es necesario haber leído El amante de Lady Chatterley de David Herbert Lawrence -o haber visto su versión cinematográfica- para enfrentarse a la representación teatral de El lunar de Lady Chatterley y entenderla sin problema alguno. Roberto Santiago toma el final del célebre texto para extenderlo en una obra diferente en la que sitúa a Constance frente a un tribunal y a través de sus palabras repasa algunos episodios incluidos en aquellas páginas para justificar su actual demanda. La protagonista -la única protagonista- los relata para defender su manera de vivir ante unos antagonistas masculinos que se mueven en otro orden de valores. Un objetivo complicado en una sociedad británica de los primeros años del siglo XX en la que los usos y leyes conceden diferentes permisividades según el género (en clara desventaja el femenino).

Todo ese peso recae en la actriz Ana Fernández, bajo la dirección de Antonio Gil. Durante una hora y diez minutos defiende a solas el papel de la mujer en la sociedad y el suyo propio dentro del mundo de la interpretación. La sevillana sale airosa de un reto complicado que pone a prueba su memoria, dicción y movimientos dentro de un escenario, tal como demostró el viernes 17 de noviembre en el Paranimf de la UJI de Castellón dentro de la tercera semana de la Mostra de Teatre Reclam. Alrededor de 250 espectadores lo pueden atestiguar.

Capa a capa, Constance se va desnudando ante el tribunal. Foto: Lau Ortega.

Conocida es la valía de Ana Fernández en el mundo de la televisión y del cine. Su Premio Goya por su papel en la película Solas, de Benito Zambrano (1999) es una gran carta de presentación. Sin embargo, en el teatro su trayectoria es corta. Por este motivo, El lunar de Lady Chatterley es una exigente prueba, y sale bien parada. Su interpretación refleja una mujer inteligente y vitalista, exigente de una serie de derechos que aún tardarán años en ser reconocidos. En su pelea por mantener los recursos económicos que necesita para vivir de una manera independiente alejada de un poderoso marido al que no desea en ningún sentido (metáfora sexual con el higo incluida), se va desnudando capa a capa en medio de un escenario minimalista con el arrope de luces y música y manejando siempre con habilidad la palabra, al inicio tal vez un poco acelerada, pero encontrando su perfecto ritmo en cuestión de minutos.

Como colofón, una impresionante exhibición nemotécnica de Ana Fernández para describir al esposo -Clifford- que no le concede la libertad que ella anhela. Final de una obra en que la palabra manda de manera absoluta y en la que la protagonista consigue hacer creer que el invisible tribunal está allí presente.

PROGRAMACIÓN DE LA CUARTA SEMANA DE RECLAM