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Zanned Tin

La segunda jornada del Tanned Tin fue un día de dúos. Un gran día de dúos. El que cerró la noche de forma apoteósica: Za!. La gran sorpresa del día: Oh! Pears. Y los que levantaron el telón con su singular y cautivadora propuesta, Dead Western y Nat Baldwin, estos por separado pero de la mano en su gira europea. El viernes también sirvió para confirmar el hermoso cancionero de Papercuts y la frescura shoegaze de unos jovencísimos The History of Apple Pie. Probablemente el día más completo e intenso de la decimotercera edición del festival castellonense.

Lo de Za! fue un concierto sencillamente demoledor: salvaje, divertido y complejo a partes iguales. Empezó con Pau Rodríguez dando toques de trompeta jazz por el patio de butacas, acompañada de piano desde el escenario por Eduard Pou y terminó con una avalancha de ritmos eufóricos y alucinantes, voces de otro planeta y una catarata de loops hipnóticos. Fue como ver a la mejor banda que hubiera tocado nunca en el bar de la Guerra de las Galaxias. Futurismo primitivo. Una locura con pies y cabeza. Un hechizo diabólico que nos atrapó a todos, que puso en pie a todo el Teatre Principal, que se arremolinó al borde del escenario y pidió durante 5 minutos un bis sin éxito. Y todo ello lo hicieron dos tipos con una batería (Eduard), una guitarra (Pau), unos cuantos aparatos y una energía desbordante. Partiendo de las canciones de Megaflow, un disco que nunca sabes cuándo ponerte en casa, pero que en directo se convierte en un espectáculo total que les está llevando a girar a nivel internacional.

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La marejada de Za!, el viernes en el Teatre Principal. Foto: Christian Robles/Tanned Tin.

Prueba del extraordinario concierto que ofreció el dúo catalán fue que los componentes de una de las grandes sorpresas de la noche, Oh! Pears, otro dúo, terminaron literalmente flipando detrás del escenario, dándoles abrazos como si con Za! acabaran de ver la luz. Y eso que la banda de Philadelphia se descolgó con un gran concierto. Acústico y al mismo tiempo orquestal, repleto de ritmos jazzies y estribillos melódicos, en una extraña y luminosa mezcla que también convenció a todo el público. Especialmente el batería, con una elegancia y una técnica depuradísima.

Corey Duncan ha compartido escenario con hasta 16 músicos, pero a la hora de elegir pareja, lo tiene claro: “En formato dúo, con guitarra y batería, como está siendo esta gira, sólo toco con él. Es alucinante”. Se refiere a Chris Ward, un prestidigitador de las baquetas. Ambos ofrecieron algo más que un recital espléndido el viernes en el Tanned Tin. Coincidieron en el pasado en Pattern Is Movement y vuelven a reunirse en Oh! Pears, el nuevo proyecto de Duncan. Se sintieron felices sobre el escenario. Como colofón, un abrazo. Resulta difícil hacer tanto con tan poco. Juntos, se multiplican.

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Oh! Pears, en pleno éxtasis final. Foto: Galcerán de Born.

Za! y Oh! Pears ofrecieron los dos grandes momentos de la segunda jornada del festival, azotada por el frío que causó los largos vacíos dejados en la programación la baja de última hora de Zun Zun Egui y la ausencia de los ya clásicos (y bien recibidos) acústicos en la segunda planta, que por suerte volvieron el sábado. La espera entre concierto y concierto se hizo demasiado larga. Curiosamente, los problemas de visado de los miembros de Zun Zun Egi propiciaron que Oh! Pearl dieran el salto al escenario principal del Principal. De momento, sólo hemos podido disfrutar del acústico de Amor de Días el viernes, quienes apuntan a repetir el próximo año en el festival, esta vez, en formato banda.

Por la tarde, después de abrir boca con el singular Dead Western, llegó una de esas rarezas que tanto agradecemos al Tanned Tin: Nat Baldwin, miembro de Dirty Projectors (banda que ya pasó por aquí), salió al escenario acompañado tan sólo de su contrabajo y sus cuerdas vocales. Le bastó para camelarse al personal. Una voz de las que pellizcan, virtuosismo con criterio al contrabajo, canciones redondas, intensidades de ida y vuelta en el momento justo... Una vez más, la cara de sorpresa inicial mutó en sonrisa de oreja a oreja.

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The History of Apple Pie. Foto: Galcerán de Born.

Lo de Papercuts era muy diferente. El público se conocía las canciones de su nuevo álbum para Sub Pop, Fading Parade; y el nivel de exigencia después de que el festival haya estado tres años seguidos a punto de traerles, era alto. Además, la excelente y singular producción del disco hace que su traslado al directo sea un reto en sí mismo. Su líder, Jason Robert Quever, un tipo muy cerebral y algo distante, cocinó la actuación a fuego lento. Y terminó cuajando. Canciones como “Do You Really Wanna Know” o “Do What You Will” sonaron preciosas y los ecos menos previsibles de la Velvet o los Zombies sobrevolaron el Principal. Por la tarde, el músico norteamericano ofreció una deliciosa sesión acústica para NMPNU TV que pronto difundiremos.

Después llegó el turno de The History of Apple Pie, un quinteto londinense con dos frontwomen (al bajo y a una de las tres guitarras) que derrocharon energía, desparpajo y canciones muy resultonas pese a su insultante juventud. Una buena dosis de poder controlado, con una madurez difícil de prever teniendo que cuenta que sólo han publicado dos sencillos. A Castellón llegaron con sólo dos vinilos en la maleta; duraron dos segundos. Tal vez estemos ante uno de esos aciertos de futuro que suele anotarse (año sí y año también) el Tanned Tin.