
Cándido Gálvez, quien responde a nuestras preguntas, aparece en tercer lugar desde la izquierda.
Viva Belgrado llega a Castelló en un momento importante. Con cerca de 15 años de trayectoria, cuatro discos que han marcado a buena parte del underground estatal y una gira que les ha llevado por Europa, Latinoamérica o Japón, la banda cordobesa continúa ampliando su propio mapa. En España, el proyecto ha crecido hasta llenar espacios como La Riviera, un contraste que ya anticipa lo que ellos mismos reconocen: el salto de las salas pequeñas a los aforos grandes no siempre garantiza que las cuentas salgan. "La autogestión es dura", afirman.
Cancionero de los cielos, editado desde su propio sello Fueled by Salmorejo, ha reforzado ese equilibrio entre crecer y mantener su forma de trabajar. Es un disco que les ha acercado a más oyentes, con canciones más melódicas y letras más transparentes, algo que la propia banda reconoce. Y es que desde aquel inicio en 2011, muy ligado al screamo y al post-hardcore, el proyecto ha ido ampliando su sonido y encontrando nuevas vías.
Este viernes 14 de noviembre, a las 20.30, actúan en La Bohemia como parte de la Fira Trovam, junto a Deaf Devils. Hablamos con Cándido Gálvez, vocalista y fundador, sobre cómo se sostiene una banda desde la autogestión, qué significa crear desde la periferia y cómo se abre la próxima etapa de Viva Belgrado tras casi tres lustros en la carretera.
>Al final habéis encontrado el encaje para actuar en la Fira Trovam!. ¿Qué expectativas tenéis ante un festival que también funciona como escaparate para programadores y profesionales? ¿Añade un punto de presión a la hora de preparar el repertorio y salir al escenario?
Bueno, lo primero de todo, tenemos muchas ganas, porque las dos últimas veces que íbamos a tocar en Castelló tuvimos que cancelar, así que queremos quitarnos la espinita de una vez. Todavía no hemos podido tocar el último disco y las canciones nuevas, así que esperamos que a la gente le guste.
Y sobre la parte de los profesionales… la verdad es que ni lo había pensado. Nuestro manager sí nos comentó algo, pero al final estamos bastante rodeados de este tipo de ambientes. Muchos de nosotros también trabajamos dentro de la industria de una forma u otra. Así que sin más, nos subiremos, haremos nuestro show y nos lo pasaremos bien.
>Cancionero de los cielos es probablemente el disco que os ha situado más en el mapa, incluso a nivel internacional. Con diferentes resonancias estilísticas, letras muy trabajadas y esa mezcla de luces y melancolía que ejemplifica tan bien ‘Un tragaluz’. ¿Cómo sentís que ha llegado al público?
Nos están diciendo mucho lo de la repercusión, sí. Llevamos con la banda unos 14 años, pero como venimos del underground y siempre hemos estado un poco en contraposición a la industria, nunca habíamos querido meternos demasiado en trabajar la promoción. Y en este disco sí: cuidamos más la comunicación, la prensa… y se ha notado, ha funcionado. También sentimos que el público ha conectado mucho con estas canciones, porque es un disco quizá más sensible, con temas más melódicos y menos estridentes que en etapas anteriores. Eso lo hace más escuchable para más gente.
>Japón, Latinoamerica, Europa…. ¿Cuál ha sido el momento más transformador de esta gira?
No sé si podría quedarme solo con uno. La visita a Latinoamérica fue increíble; no llevábamos ninguna expectativa y la respuesta fue brutal. Los conciertos en Tokio también fueron muy especiales, sobre todo por el público local, que vive la música de otra manera; fue muy guay. Y hacer nuestra propia Riviera en Madrid dentro de esta gira también fue un punto importante. Si tuviera que elegir, me quedaría con esos tres momentos.
>¿Todavía le queda recorrido a Cancionero o ya estáis en la próxima casilla?, ¿qué será lo próximo de Viva Belgrado?
Pues en principio esta gira que estamos haciendo ahora, estas dos semanas con once conciertos seguidos por toda la península, es lo último que haremos de Cancionero. Bueno, el 3 de enero lo despedimos en Madrid y, a partir de ahí, ya nos metemos a grabar el disco nuevo. La idea es empezar a presentarlo lo antes posible. Es verdad que no hace tanto que salió Cancionero, ni siquiera han pasado dos años, pero lo hemos tocado muchísimo y nos apetece cambiar el setlist, tener canciones nuevas y divertirnos un poco más.
>¿Cómo surgió la colaboración con Triángulo de Amor Bizarro?
No hay ninguna historia muy interesante. Simplemente Mushroom Pillow, el sello que está editando su recopilatorio, nos escribió por email para saber si estábamos interesados en colaborar. Y la verdad es que somos súper fans de la banda; para mí son de los grupos en castellano que más me gustan y sigo. La única pena es que la hicimos con poco tiempo y nos habría gustado trabajarla y desarrollarla más, pero estamos contentos con el resultado.
>En este último disco apostasteis por la autoedición a través de Fueled by Salmorejo, ¿de la necesidad virtud o apuesta por convicción?, ¿vais a seguir a vuestro aire?
En su momento fue la decisión que más nos beneficiaba y la que nos parecía más coherente. Estuvimos bastantes años trabajando con un sello de Barcelona que se llama Aloud Music, pero la ambición que teníamos de crecer y de poder manejarlo todo, un poco más, nos llevó a montar nuestro propio sello. Somos muy maniáticos del control y Fueled by Salmorejo nos permite estar encima de todo: saber cuándo se hacía una edición, cuántas copias, etc. Pero no sabemos todavía qué pasará con el siguiente disco. No lo hemos decidido y no nos cerramos a las distintas opciones que tenemos. Lo que sí es seguro es que el sello seguirá funcionando, porque también somos promotora de conciertos y nos gustaría editar trabajos de otras bandas en el futuro. Así que no sabemos si sacaremos nuestro disco desde ahí, pero el sello, definitivamente, seguirá trabajando.
>En la Fira Valenciana se ha hablado mucho del buen momento del directo, pero también de la vulnerabilidad con la que conviven muchas bandas. ¿Cómo se vive esa realidad cuando trabajas desde la autogestión?
A ver, es duro. Sobre todo la autoproducción a nivel de salas: encontrar la rentabilidad es muy difícil. Al final los conciertos que dan pérdidas se van cubriendo con los que dan beneficio, e intentamos sostenerlo así. Pero fíjate: somos una banda underground que, curiosamente, puede prácticamente llenar La Riviera, y aun así nos cuesta encontrar la rentabilidad en una gira de salas.
>Conciertos que se agotan en minutos, apuestas como el Roig Arena… y a la vez muchísimas bandas pequeñas peleando por girar. ¿Creéis que esta brecha afecta a cómo se construyen hoy las escenas alternativas?
La verdad es que sí que hay una diferencia entre la música que se hace en salas, y las bandas que siguen girando por estas, y las que se limitan a tocar en festivales y a cobrar su caché. Hay una diferencia a nivel de actitud y de cómo se entiende la música. A nosotros siempre nos han gustado mucho más las salas, por la forma en la que te relacionas con el público, que es muy distinta a un festival, y la manera en la que puedes llevar tu propuesta y controlarla por completo. En un festival prácticamente te despachan sin darte tiempo a probar ni a recoger. Es muy diferente. Así que, siempre, a favor de las salas.
>¿Hoy por hoy podéis vivir de la música, aunque sea en otros roles además del grupo?
Sí, pero no vivimos de la banda. Por suerte, Viva Belgrado se mantiene a sí misma desde hace tiempo y ya no depende de nuestros recursos personales, pero cada uno tiene sus trabajos, más o menos relacionados con la música.

Cris G. Sánchez se unió a principios de año a Viva Belgrado, ocupando el bajo que Ángel Madueño dejó libre tras 14 años.
>¿Seguís notando la influencia de la escena post-hardcore en vuestra música o diríais que ya estáis en otra onda?
Sí, definitivamente lo estamos. Lo que también ocurre es que la escena post-hardcore a nivel estatal es muy, muy pequeña, así que la banda se ha ido encajando más en el circuito indie y de rock alternativo. Y por suerte, el público de esa escena ha entendido lo que hacemos. Es que no existe realmente un circuito para bandas puramente post-hardcore, es muy minoritario y reducido, y no nos quedaba más remedio que asaltar otros circuitos.
>¿Cómo surge una banda con vuestro sonido en una ciudad tan marcada por otras músicas como Córdoba?
Ya… es curioso, porque en Córdoba no había una escena relacionada con el tipo de música que nosotros hacíamos. Surge por internet, básicamente. Pedro -el antiguo guitarrista- y yo, que fuimos quienes empezamos el proyecto en 2011, descubrimos este tipo de música por internet y queríamos hacer algo así. Luego se fueron sumando Ángel y Álvaro -que también son exmiembros ya-, y aunque venían de otros géneros, entendieron muy bien lo que queríamos hacer.
>Siempre habéis reivindicado cierto orgullo periférico. ¿En qué medida creéis que esa distancia del centro os ha permitido desarrollar un lenguaje propio?
Pues creo que en gran medida, sobre todo en la forma en la que nos relacionamos con la industria en general. El hecho de tener nuestro propio sello, por ejemplo. Nos ha permitido sentirnos muy autónomos y muy capaces de autogestionarnos en todo. Al final, estar en la periferia te hace tener menos recursos y menos visibilidad, y tienes que aprender a trabajar de otras formas que, a largo plazo, creo que son positivas. Aunque también es verdad que las bandas en la periferia suelen tener menos tiempo y no son tan visibles.
>Eso que comentáis me lleva a las limitaciones: ¿qué obstáculos habéis tenido que asumir?
Cuando era adolescente, en Córdoba no había demasiados conciertos, al menos de rock o rock alternativo. Al final, la formación que puede tener un adolescente en Madrid, donde puedes ver bandas internacionales prácticamente cualquier día entre semana, es muy distinta. Nosotros lo descubrimos casi todo por internet y luego, ya cuando empezamos a girar. Pero allí no nos llegaban esas cosas. Y es curioso, porque Córdoba debería estar muy bien posicionada para que pasaran muchas bandas. Está a medio camino entre Madrid y Málaga, o Madrid y Sevilla, pero no hay demasiada infraestructura. No pasan muchas bandas, no hay mucha escena y no hay mucha cultura de ir a conciertos de rock.
>Habéis dicho alguna vez que cada vez sois más transparentes. ¿A qué responde esa apertura? ¿Tiene que ver con la experiencia, con soltar presión?
Sí, bueno… no sé muy bien qué decirte a día de hoy, porque lo decíamos sobre todo a nivel lírico. Al principio escribíamos de una forma más estética, más metafórica, donde no estaba tan claro de qué hablaba una letra y cada uno podía interpretarla a su manera. Y con cada disco hemos intentado hacer las letras más transparentes y más fáciles de entender. Pero no sé… ahora igual estamos dando un paso atrás. Siempre hay una tendencia a la reacción: a hacer lo opuesto a lo que venías haciendo, a dar un volantazo. Y eso, de alguna manera, te ayuda a manejar mejor la creatividad cuando estás un poco atascado. Intentar hacer lo contrario
>Viva Suecia, Arde Bogotá, Kiev cuando nieva... ¿qué pensáis cada vez que emerge una banda con nombre de ciudad?
[Ríe] A ver no quiero que suene como orgullo ni nada de eso, pero nosotros estábamos antes que Viva Suecia, aunque ellos sean más grandes que nosotros. Y no sé por qué pasa ni por qué caemos siempre en esta cosa de los nombres de ciudades. En nuestro caso fue sin más. No teníamos nombre para el concierto, al batería le gustaba ese y se quedó.
>¿Qué os interesa ahora mismo como oyentes? ¿Hay algo totalmente ajeno a vuestra escena que os esté inspirando últimamente?
Sí, hay de todo. La gente se cree que, porque hacemos música estridente, solo escuchamos eso, y es justo lo contrario. Si vinierais en el furgón con nosotros, veríais que prácticamente no escuchamos música gritona y que ponemos de todo.
>¿Habéis escuchado el último disco de Rosalía?
Algunos miembros lo han escuchado; yo todavía no. No por nada, pero no he encontrado el momento.