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Una fiesta de 'gallina en piel'

Fotos ACF: Carme Ripollès (portada) y Pau Bellido.

Pasado, presente y futuro. En cada concierto. La segunda fiesta de nomepierdoniuna fue una gozada. Lleno absoluto (gente hasta en la puerta; por desgracia no hubo sitio para todos) con las orejas bien abiertas para disfrutar de tres propuestas tan diferentes, tan atractivas. De bandera. Los inicios de una banda prometedora (Montefuji), la clase de un músico de los de carretera y manta (y canciones enormes) llamado Josele Santiago, y de unos niños que juegan como los ángeles a esta magia que supone hacer y tocar música en directo (Autumn Comets).

Vino de blanco, actuó de negro y se fue de rojo. Como los colores de nomepierdoniuna.net. Y al rojo vivo dejó la sala Four Seasons tras su actuación. Se bastó y se sobró con su maestría a la guitarra y su inimitable voz cascada. Con una lección de clase y honestidad, y una colección de excelentes canciones, Josele Santiago fue el gran protagonista de la segunda fiesta de nomepierdoniuna, en la que también brillaron Autumn Comets y Montefuji, para terminar con diversión a los platos de la mano de Xavi dj y The Smashups. Lleno hasta los topes y muy buenas vibraciones. No se puede pedir más.

Pero vayamos por orden de aparición sobre el escenario del Four Seasons. La representación castellonense la puso este año la nueva propuesta liderada por Gavin y Juanmi, de Arkanoid. Se hacen acompañar por Mateu y Joan (The Last Band) y Alberto (Panegírico al Legado) para dar a luz a Montefuji. Unos pocos ensayos (la calidad de los músicos ayuda) bastó para que el estreno fuera potente. Eso sí, resuenan los ecos de la banda del Grau. Sí, recuerdan a Arkanoid (cómo no), pero con algún  matiz diferente.

La duda razonable era saber si la cosa funcionaría. Si es una reedición de Arkanoid o algo realmente nuevo. Y si la banda actuaría como tal, si crecería exponencialmente, más allá de la suma individual de cada músico. Pues sí, la cosa funcionó, sonó a Arkanoid (pero no sólo a Arkanoid) y disfrutamos de la promesa de una buena banda.

Apenas media hora de concierto (tampoco hubo tiempo para preparar más canciones y el horario estaba muy apretado) que supieron a poco. La voz (y melodías) de Juanmi siguen sobresaliendo, como la guitarra de Gavin. Pero el resto no se quedó atrás. La base rítmica prestada por The Last Band sostienen y conducen los temas, mientras los arreglos panegíricos de Alberto ponían el lazo a este regalo. Juegos de intensidades precisos y preciosos que funcionaron a las mil maravillas en un par de temas.

Aunque, para intensidad, la de Josele Santiago. Un rockero con acústica en ristre puede sentirse solo. Él, no. Lo que provocó con "Ole Papa" es indescriptible. Conducir hasta la locura, provocar que la gente no deje de saltar y de bailar, de corear una canción, resulta complicado con banda. Con solo seis cuerdas (las de la acústica), además de las vocales, parece casi un milagro. Lo hizo.

Fue el momento álgido de un concierto que no dejó de crecer. Josele es un escalador de los grandes, y lo demostró durante más de una hora de concierto. A su ritmo, sin demarrajes ni aspavientos de cara a la galería, sabiendo que la calidad de sus canciones le permiten llegar a la meta como vencedor, aunque no tenga un equipo que lo sostenga. Hablamos de las enormes "Sol de invierno" y "Fractales", entre las nuevas, o de "Mi prima y sus pinceles", solamente por poner tres ejemplos. Pero podríamos citar el repertorio al completo, porque apenas hubo valles.

Comenzó su actuación con murmullos de fondo. Fue atrayendo la atención del público sin pedirlo, con cada acorde, con cada frase que salía de esa voz tan característica (según él, “de querubín”, pero maltrecha por el aire acondicionado de aviones y trenes), empatizando con la gente, hasta que se ganó a todos y cada uno de los presentes.

Estaba sembrando para recoger y, a mitad de su actuación, ya nos tenía a todos rendidos. Presentó su reciente Lecciones de vértigo pero también hubo espacio para echar un vistazo atrás, como su "Ole Papa", exponente máximo del gallina en piel que dominó todo el concierto.

Es un guitarrista espléndido, tiene buenas canciones y una voz característica que sabe explotar,  interacciona con el público a la perfección y transmite tanta verdad que puede pedirse una Coca-cola a palo seco. Ni poses ni artificios. Pura verdad. Como sólo los grandes músicos pueden.

Autumn Comets fueron los encargados de finiquitar la sesión vespertina. Con una juventud insultante (casi ofensiva al ver lo bien que tocaban, ¡por Dios!) y una propuesta original, desplegaron toda su energía en poco más de media hora, en la que presentaron su disco de debut, A perfect trampoline jump. Los madrileños (con raíces castellonenses, que se hicieron notar en la sala) compartieron toda su potencia, tremendamente compacta y nada desmedida. Todo muy medido y en su sitio. Un sexteto perfectamente conjuntado en el que ni falta ni sobra nada, incluida la viola. Canciones que te conducen arriba y abajo, una y otra vez, como una montaña rusa pero conducida con tacto. Tiene la pinta de ser uno de esos grupos que de aquí a unos años diremos “yo les vi en 2011 en la fiesta de nomepierdoniuna”, una fiesta que, por cierto, no acabó aquí.

Sorteo de regalos, obras del colectivo de arte de reciclaje Trashformaciones (en la foto de abajo, en primer plano) y camisetas con el logo de la web, y sesión de dj's después de cenar, con Xavi y The Smashups a los platos, con ambientazo en el Four Seasons de principio a fin.