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Queens of The Stone Age afilan el FIB 2013 para que corte mejor; Beach House ponen la atmósfera

Ocho de la tarde. Cola para acceder a la zona VIP del Festival Internacional de Benicàssim. La puerta cerrada. De fondo suena la prueba de sonido de Pleasant Dreams. En primer plano, un martillo hidráulico dando los últimos ajustes al recinto. Abren las puertas y sí, está todo en su sitio. Se obró el milagro: después de un mes de dudas, retrasos, dimes y diretes, el decimonoveno FIB está en marcha. Todo en su sitio, salvo una cosa: el escenario FIB Club está desplazado y encarado hacia el Trident Senses, en vez de hacia la montaña, como era lo habitual. La causa, una parcela de suelo que el festival no ha podido alquilar. La consecuencia, el sonido de sus conciertos se solapa cuando coinciden horarios. En el camping, también hubo protestas por distintas incomodidades. Empieza a sonar la música. Hablemos de música. Por fin.

Toundra abren el festival a todo trapo en el Escenario Maravillas para desentumecer los oídos. Los madrileños llegaban con nuevo trabajo, III, y con nuevo guitarrista, Macón. Ni un micrófono sobre el escenario, ni el típico “hola Benicàssim”; sólo rock instrumental. Pero es cierto que tampoco les hizo falta, Toundra transmite a través de la batería, el bajo y las guitarras. Este grupo de madrileños ha demostrado que su música cabe en cualquier sitio, ya sea en el Costa de Fuego de 2012 como en el FIB. Pese a ser los valientes que abren el festival en un momento en el que muchos ingleses, la gran mayoría del público, vuelven de tostarse bajo el sol, otros aún están acabando de montar sus tiendas e incluso muchos aún no han llegado. No es fácil. Alguna que otra camiseta de Toundra se podía ver entre un público, no muy numeroso, que estaba disfrutando del grupo. Y poco a poco fue llegando más gente, las guitarras despertaban a los que estaban sentados e ingleses, madrileños, castellonenses… todos se unían y se dejaban contagiar por el rock de Toundra. Incluso el sol se dejó conquistar finalmente por lo madrileños.

Pleasant Dreams. Sin cuotas.

En el Trident Senses abrieron Pleasant Dreams, el primer grupo castellonense que pisa un escenario del recinto del festival en muchos años. Y aprovecharon la oportunidad. Vaya que si la aprovecharon. Sonrientes, pletóricos y convencidos de sus canciones, ofrecieron su mejor versión en un concierto repleto de símbolos y de guiños. Empezaron con “Costa del Azahar”, se hicieron acompañar por Sara Ledesma de Loplop en “Si vols”, que dedicaron a los grupos y músicos de a la escena de Castellón, y se apuntaron el tanto –histórico, qué narices- de hacer sonar en el FIB “La Panderola”, canción popular castellonense que, como bien apuntó el batería, Pere Mendo, nunca hubiéramos dicho que sonaría en este festival. Pero, sobre todo, se acercaron más que nunca a la interpretación perfecta de su mejor canción, “Próxima parada”, sonando -¡por fin!- su precioso fraseo de flauta a cargo de Jordi Villarroya.

Lo de Beach House en el Escenario Maravillas fue enorme. A pesar de no ser el sitio adecuado para disfrutar de su música, de su atmósfera, de su temple, cuajaron un concierto arrebatador. Victoria Legrand empezó escondida tras la penumbra, pero su voz crepuscular terminó llenándolo absolutamente todo. Basaron su repertorio en sus dos excelentes discos con Sub Pop, Teen Dream y Bloom, y, como preveíamos, se nos cambió la cara cuando sonaron “Myth”, “Zebra” y el resto de canciones sinuosas y hechiceras. Sin golpes de efecto, sonando justo como te gustaría escucharlos en directo cuando te pones sus discos. Para aderezarlo todo, una escenografía impecable, sencilla y en perfecta sintonía con su música. Un aire raro y purificador que le vino de cine al FIB para recuperar algo de aliento. Al término, incluso, salió al escenario uno de sus históricos próceres de producción, el imprescindible Joan Vich, para confirmar que el festival está vivo y coleando, “por muchos años”, y también recomendarnos que nos pongamos crema.

Victoria Legrand, de Bech House.

El escenario Maravillas se apaga. La oscuridad la rompen los cientos de teléfonos móviles del público que intentaban iluminar a Queens Of The Stone Age. El grupo californiano, liderado por el vocalista y guitarrista Josh Homme, entró pisando fuerte el escenario. Asombrosa la cantidad de gente que fueron capaces de mover estos californianos. El FIB se dividía entre los Queens y los que se estaban dejando llevar por la locura de Rudimental en el Trident Senses. Mucho ruido y muchos golpes de batería y guitarra, a lo que cabe añadir el acompañamiento del público como instrumento. Queens Of The Stone Age hicieron un repaso por sus temas más conocidos y también presentaron su último álbum, …Like a Clockwork. Y mientras sonaba "Kalopsia", el público se iba incrementando para dar aún más calor a la banda. Los californianos dejaron claro su propósito al principio del concierto: “¿Preparados para la fiesta?”. Y parece que así fue. Consiguieron hacer vibrar al público con la intensidad de sus guitarras y la batería. Un concierto en el que los instrumentos adquirieron todo el protagonismo y dejaron en un segundo plano la voz… parecía que podía estar cualquiera sobre el escenario cantando, porque habría sido imposible darse cuenta. “¡Lo hemos hecho!”, gritó Josh Homme a un público que estalló y supo responder. Mucho calor por parte del público, bastante distanciamiento por parte del grupo, que dejó un gran recuerdo a algunos y un posible dolor de cabeza a otros. Cuestión de gustos.

Josh Homme, al frente de Queens of The Stone Age. Fotos: Paco Poyato.

Theo Hutchcraft y Adam Anderson cogen el relevo del escenario Maravillas y cierran su primera jornada. Pop electrónico desde Manchester. Se trata de Hurts. Este dúo británico supo llevar la progresión a la perfección durante todo el concierto. De la tranquilidad al “¿queréis bailar?” con “Wonderful Life”, una progresión que consiguieron traspasar al público. La elegancia y la sobriedad británica sobre el escenario. Pese a ser uno de los reclamos del jueves, no consiguieron llegar al nivel de público de Queens Of The Stone Age, aún así lograron sorprender; incluso el propio Theo se maravillaba y llevaba las manos a la cabeza y esbozaba una sonrisa al ver el calor de la gente. Ambos supieron conectar con el público, yendo más allá de las típicas frases clichés, como fue el caso de los un tanto distantes Queens Of The Stone Age, Hurts cautivó Benicàssim. En esta ocasión, y al contrario que con los californianos, Hurts consigue la armonía perfecta entre instrumentos, sonidos electrónicos y la maravillosa y penetrante voz de Theo, que recorre el escenario de un lado a otro con una elegancia asombrosa, pasando de temas como “Somebody to die for” a “Miracle” sin despeinarse ni un poco –y no, no sólo por la gomina-. La combinación sobria del blanco y del negro.