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Joan Carreras apabulla con su 'Ricard' en el Paranimf

Joan Carreras habla, y mucho, a su público confidente. Foto: Àlex Pérez.

'Història d'un senglar (o alguna cosa de Ricard)' de Temporada Alta y Grec Festival de Barcelona. Actor: Joan Carreras. Texto y dirección: Gabriel Calderón. Paranimf de la Universitat Jaume I de Castelló. Viernes 11 de febrero de 2021. Duración: 19:35-20:40. Espectadores: 199. Entradas: 8/10 euros.

Un actor (Joan Carreras) y 199 espectadores a quienes trasladarles confidencias en boca de su personaje. Críticas casi todas ellas. Doscientos oyentes a quienes contarles que con el shakesperiano papel del ambicioso y conspirador Ricardo III, a ese actor de la ficción se le presenta la gran oportunidad de su carrera profesional, sumergida hasta ese momento en papeles secundarios que no se corresponden con su autoelogiada calidad artística. El problema/su problema ahora es que, bajo su punto de vista, nadie en esa anhelada producción está a la altura adecuada (a su altura). Como tampoco los están los técnicos que le están iluminando, en este caso sobre el escenario del Paranimf, ni siquiera el público que le contempla y escucha desde el anfiteatro universitario. Un constante trueque de registros entre la obra que prepara -el Ricardo III de Shakespeare- y la que está representando. "El meu regne per un espectador intel·ligent", parafrasea el actor al propio monarca cuando este pedía desesperadamente un caballo.

El actor espera desde el escenario que los espectadores tomen sus respectivos asientos. Foto: Àlex Pérez.

Joan Carreras apabulla en Història d'un senglar (o alguna cosa de Ricard), Y él lo sabe. Apabulla con su impecable interpretación, en la que incluye una cantidad bárbara de palabras en catalán disparadas a una velocidad de vértigo (y consigue hacerse entender). Pone voz y gestos al brillante texto del dramaturgo y también director uruguayo Gabriel Calderón. Un trabajo que le ha valido al actor natural de Barcelona el Premio Max 2021 a la mejor interpretación.

Desde el escenario mantiene una especie de juego con el espectador confidente, al que llega a preguntar si se siente agobiado por el monólogo que le está soltando a tan vertiginoso ritmo. Y sí, al público le queda la sensación de que le están ametrallando a palabras, que le están consumiendo las fuerzas, pero recibe esa ráfaga de más de una hora con gusto ante tamaña exhibición interpretativa. Al final queda la admiración por lo visto y oído.

Joan Carreras se maquilla sobre las tablas para ir transformando su imagen. Foto: Àlex Pérez.

Joan Carreras da vida al actor que va a convertirse en el deforme Ricardo III y ocupar el desvencijado trono -un sillón viejo- que preside el desmontado escenario con las habituales cuerdas, pero también es la reina Margarita, Lady Ana -con sus respectivos monólogos- y el propio monarca. Un simple cambio de entonación, una peluca o el maquillaje que se aplica a su rostro para transformar al actor en personaje le bastan para el canje. Y un personaje más.También es Joan Carreras, el actor nacido en Barcelona, dentro del seno de una familia sin precedentes teatrales. Así se retrata de viva voz desde el escenario.

Aprovecha tal auditorio para hablar de la vida en general y del teatro en particular, así como de los problemas específicos de esa producción -un espejo del global del mundo escénico- sobre el monarca inglés. En realidad, en los momentos iniciales de la obra comenta que "recibí una invitación, hace ya un tiempo", con un gesto que deja entrever que aquel sueño no llegó a concretarse por los problemas que en medio de su torbellino verbal va comentando.

Las tripas de un escenario envuelven los sueños del escogido para interpretar a Ricardo III. Foto: Àlex Pérez.

Se exhibe como un pedante intelectual ante un público al que lanza referencias de diversas obras e invita varias veces a "leer un libro" para culturizarse. A veces pide disculpas por sus propias palabras; otras, no. Incluso desmonta su propia erudición con una confesión de truco para aparentar intelectualidad, lo que en realidad no es más que otra muestra de altanería.

La envidia y la ambición reflejadas por Shakespeare contagian al actor hasta el punto de producirse una simbiosis entre ambos. El público acaba viendo dos obras por el precio de una y acaba admirando a un actor que impresiona, y más si se tiene en cuenta que llegó al Paranimf una hora antes del inicio, dio un par de instrucciones técnicas... y a epatar

¿El senglar (jabalí) del título? El animal en que se visualiza el actor para meterse en la piel de Ricardo III. El animal que simboliza la Casa de York, a la que pertenece el teatralizado rey.