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Maria Arnal: "En cualquier cambio o transformación profunda hay vulnerabilidad"

En 'Clamor', Maria Arnal y Marcel Bagés apuestan por sonoridades menos intimistas que su anterior '45 cerebros y 1 corazón'.

Mucho se ha vaticinado si la pandemia de coronavirus indicaba el final de los modelos de sociedad como los estábamos viviendo hasta el momento, ya que ha mostrado algunas de sus flaquezas. En contexto pandémico, Maria Arnal, Marcel Bagés y David Soler acaban de dar forma a Clamor: un disco que invita a reflexionar sobre la incertidumbre, los finales de ciclo y el renacimiento sin cerrar la puerta a la esperanza y las segundas oportunidades. Con motivo de su actuación en Borriana Alive! el próximo sábado 4 de septiembre hablamos con Maria Arnal, cantante de la formación, sobre las voces no humanas, la vulnerabilidad, internet o El Bosco.

¿Cómo ha sido la composición de Clamor? Para 45 cerebros y 1 corazón componíais mucho en casa de Marcel, pero en la presentación de vuestro segundo disco en Radio 3 comentaste que habéis estado más distanciados en este nuevo proyecto.
Hemos trabajado así por la pandemia y porque he estado viviendo entre Atenas y Barcelona durante estos años, y eso ha provocado que cambiaran las dinámicas de creación que teníamos anteriormente. También, mientras que el primer disco estaba compuesto a dúo, este ha contado con la implicación de tres personas gracias a la incorporación de David Soler. Había tres casas, tres personas y tres vidas que se habían de encontrar y combinar. Eso y el confinamiento han dado lugar a trabajar desde la distancia, que ha sido muy positivo porque colectivamente nos ha empujado a llegar a lugares que individualmente no podríamos haber llegado nunca. Todo el trabajo de voces solo podía hacerlo por mi cuenta, pero compartir los recursos y mis ideas con David y Marcel hacía que todo el trabajo se enriqueciera gracias a contar con sus miradas y sensibilidades. Y lo mismo con lo que ellos generaban. Es positivo crear nuevas prácticas y formas de trabajar, porque aunque al principio generen inseguridad por la falta de costumbre, luego provocas que nazcan cosas diferentes.

Presentasteis Clamor en una actuación para Radio 3 delante de El jardín de las delicias del Museo del Prado. ¿Cuál ha sido la influencia e inspiración del cuadro de El Bosco en vuestro álbum?
El cuadro siempre me ha acompañado desde muy pequeña y ha sido una fuente constante de inspiración porque es toda una declaración de intenciones, un canto a la imaginación más desbocada. Hacer un disco es algo que te ocupa un largo periodo de tiempo. Hemos tardado dos años y durante todo este tiempo siempre he estado interesada en la metáfora del jardín. Tener tu propio terreno, con tus intuiciones, y entonces fabricas tus semillas y las plantas. Algunas salen, otras no. Cuando estás concentrado en una cosa, a veces salen adelante otras completamente inesperadas. La idea de despertarte cada día en tu cotidianeidad y haber de regar, cuidar, podar y maravillarte porque todo ha terminado dando sus frutos. Es muy similar a la idea de cuidar las cosas vivas. La música es algo más abstracto, pero la práctica musical no. Se basa en estudiar, escuchar e imaginar, como si cuidaras tus propios tallos.

Otra de vuestras influencias fue la exposición Después del fin del mundo en Barcelona, incorporando al comisario de la exposición al equipo para dar forma a la idea del disco.
José Luis de Vicente, que además trabaja en el Sónar, ha sido una de las colaboraciones más especiales de Clamor. Más que la exposición en sí, poder trabajar con esta persona de forma muy intensa ha sido lo más influyente. El disco, más que del fin del mundo, habla de una separación. De un momento de crisis, entre una muerte y un renacimiento. Por eso no se encuentra ni en el duelo ni en la alegría de un nuevo nacimiento. Era interesante hablar de esto en varios niveles. Hablar a nivel interior debido a ese cambio de vida, que también lo hemos experimentado musicalmente al pasar de ser un dúo a un trío. Y hablar a nivel global, en un momento de cambios extremos en el que es difícil intercambiarse y encontrar un sentido. Era importante trabajar en estas escalas y dar forma a un disco que albergara muchas emociones. Tristes, optimistas, irónicas, nostálgicas, reveladoras…

¿La introducción de los sintetizadores y la polifonía ha venido como una evolución natural ("Desmemòria") o porque era necesario ese estilo más “colectivo” (dejando atrás la voz solista) y electrónico para el mensaje de Clamor?
Ha sido la música la que se ha adaptado al disco, porque tras terminar con la gira de 45 cerebros y 1 corazón y después de tantos conciertos queríamos experimentar con nuevas sonoridades. Marcel me dijo que sí desde el primer momento porque le gusta mucho aprender. Por eso decidimos trabajar sobre dos líneas que no habíamos probado aún. Una era el aspecto más coral de nuestra música. La otra el aspecto más rítmico. A nivel armónico, dejamos las guitarras para hacer atmósferas y decidimos trabajar con sintetizadores y cajas de ritmos. A nivel coral pensamos en introducir segundas, terceras y cuartas voces que acompañarían a la voz solista. Sería algo alejado de la desnudez de 45 cerebros y 1 corazón, más complejo y ambiental, que llenara más espacio. Esa era la intención desde el primer momento. Luego vinieron las historias de las diferentes canciones, pero el cambio en lo musical estaba primero. Después el disco adoptaría su propio carácter y acabaría deshaciéndose de cosas que habrían tenido más sentido para otros trabajos.

La incorporación de efectos de sonido y samplers ya parece imprescindible en vuestra música desde "Tú que vienes a rondarme". En Clamor encontramos una lágrima de San Lorenzo en el inicio de "Meteorit ferit", el canto de un jilguero en "Jaque", ballenas, loros o la pregunta “Where is the future?” en "Murmuri".
45 cerebros y 1 corazón trabajaba en la memoria y los archivos de sonido de los años cincuenta de los que me enamoré y por los que soy la cantante que soy hoy en día. En cambio, en este segundo disco se reflexiona mucho sobre las voces o qué es una voz exactamente. Me interesaba pensar quién habían sido esas personas que se pasaron sus vidas recogiendo voces que no son necesariamente humanas, como sonidos de astros o cuerpos celestes que cruzan la atmósfera como en el caso de "Meteorit ferit". O las cabras, tan simbólicas en el catolicismo porque representan al Diablo, presentes en "El cant de la Sibil·la". O el loro de "El gran silencio"… Clamor cuenta con muchas voces no humanas, algunas que solo se pueden entender dentro de la ficción. Cuando leí Canto jo i la muntanya balla de Irene Solà encontré la misma intención en el libro. Cada forma de vida de nuestro alrededor, especialmente si no es humana, tiene algo que decir. Así que el ejercicio es tratar de escuchar e imaginar qué diría. Clamor es aprender a escuchar esas voces.

En 45 cerebros y 1 corazón realizabais muchas versiones, tanto de canciones populares como "La Dansa del vetlatori" como de artistas contemporáneos como Las Víctimas Civiles o Ovidi Montllor. En cambio, en Clamor solo versionáis la popular "El cant de la Sibil·la". ¿Por qué habéis apostado por las canciones propias?
En este segundo disco era muy importante trabajar con letras propias, justamente porque no lo había hecho en 45 cerebros y 1 corazón. Era interesante probarlo, así que me esforcé mucho en trabajar los textos. Tanto en la creación de letras propias que funcionaran como canciones pop como en las adaptaciones más libres como en el caso de "El cant de la Sibil·la", que también tenía cabida en ese universo. Sí que es cierto que aunque se trate de canciones originales, muchas cuentan con estructuras y melodías muy influidas en el canto tradicional y el trabajo de 45 cerebros y 1 corazón.

En 45 cerebros y 1 corazón parece que hacéis una radiografía del presente a través de las cuentas pendientes con el pasado. En Clamor, en cambio, parece que hacéis una radiografía del presente pero sin perder de vista al futuro.
También lo pienso así y me gusta mucho. Hay un carácter muy singular en los dos discos, aunque luego hay sonoridades que son más directas y otras menos. Soy la madre de los dos y me parece que hacen muy buen equipo.

La pandemia, el fin de la influencia de algunas potencias en países externos como Afganistán, el aumento de la potencia de las catástrofes naturales... ¿Estamos ante el fin de algo?
Creo que sí, aunque los finales de las cosas con las que estamos conviviendo son largos y se estiran en el tiempo. Internet, por ejemplo, ha sido el final de muchas cosas, pero no nos hemos dado cuenta de ello hasta que estábamos en el lavabo haciendo pipí y hablando por Whatsapp con nuestro jefe o nuestra abuela. Ha significado terminar la manera de entender nuestra intimidad, nuestro tiempo, nuestra paciencia… Lo mismo nos pasará en los próximos años con la inteligencia artificial o aspectos del clima. Es interesante ser consciente y Clamor es un intento de vivir con ello. Convivir con todas estas ideas de finales sin que nos depriman.

Si nos acercamos a un final, tanto en "Milagro" como "Tras de ti" o "Jaque" dejáis espacio para la esperanza. Incluso el disco termina con una "Alborada", es decir, el inicio de un nuevo día.
Eso se corresponde más a mi carácter, ya que prefería tener una mirada más luminosa. No inocente o naíf, que no quisiera ver lo que estaba pasando. Una mirada que piensa que todo es posible pese a todo.

Sin embargo la vulnerabilidad está ahí, como se puede ver en "Milagro", "Meteorit ferit" o "Hiperutopia".
En cualquier cambio o transformación profunda hay vulnerabilidad porque estás dejando atrás cosas que han sido imprescindibles en otro momento. La vulnerabilidad es una emoción que te acerca a las personas. Cuando estamos muy seguros de nosotros mismos podemos estar alejados del resto, mientras que la vulnerabilidad es un puente a lo proactivo también.

En "Milagro" dices "De todos los calabozos de los que me he visto presa ninguno no viste reja". ¿Cuáles serían y por qué es tan fácil caer en ellos?
Tendemos a pensar que ser críticos es estar cerca de ver aquello que falla o no funciona bien. Sin embargo, la idea de crítica que más me ha interesado últimamente es aquella que no simplifica, sino que acepta y abraza la complejidad de las cosas. Es fácil decir cuáles son las rejas que cada uno construye; cada persona, cultura y época tiene las suyas. En nuestro mundo hay ideas muy estereotipadas de éxito, dinero, fama o tu cuerpo que no se corresponden a la realidad, pero que son reales porque son como moldes y prisiones. Es interesante dar complejidad a estas ideas, porque solo mediante esta complejidad se caen. En "Milagro" hay ocasiones en las que se admite fallar, haber caído y volver a levantarse.

¿En "Fiera de mí" te preguntas “Y si cuidar no fuera capricho moral”? ¿En una época tan narcisista por las redes sociales, amamos a los demás para sentirnos mejores personas?
En "Fiera de mí" quería hacer, mediante la parodia, una canción en la que se expresase que nacer humano no es mejor que nacer en otra forma de vida. Y con ello reflexionar sobre cuidar todo aquello que es diferente y si nuestra forma de amar es un producto rebuscado de narcisismo.

Vuestro primer disco 45 cerebros y 1 corazón fue considerado un trabajo muy político en su momento debido a estar basado en el yacimiento de una fosa común que contenía víctimas de fusilamientos en Burgos. ¿Clamor cuenta con la similar carga política?
Clamor es un disco mucho más político que 45 cerebros y 1 corazón, aunque desde un lugar más basado en la emoción. Habla sobre saber cuidar, saber escuchar a todas las formas de vida. Refleja porqué nacer humano no es mejor que nacer en cualquier otra forma de vida sensible. También es un disco mucho más feminista, ya que pone en primer lugar los cuidados. Me interesa escribir letras complejas para que no caigan en un lugar panfletario y creo que lo he conseguido en este segundo disco, aunque también hay momentos muy literales.