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La música vuelve a sonar en el recinto de festivales de Benicàssim y luce con Viva Suecia (pero es todo muy raro)

Viva Suecia se metió al público en el bolsillo desde el primer momento. Foto: Cristian Lorente.

“Míranos, abriéndonos el pecho / Toda la tristeza en canal / Tan jodidos como satisfechos / De no conocer el final (…) Nunca te canses de oír / Somos la rabia que nos han obligado a sentir”. “La voz del presidente”, el reciente single de Viva Suecia, sonó el sábado en el recinto de festivales de Benicàssim para retratar los tiempos extraños de (crucemos los dedos) salida de la pandemia que nos toca vivir. Para reencontrarnos con sensaciones que casi habíamos olvidado dos años después de que el FIB y el Rototom agitaran ese mismo espacio y a nosotros por dentro por última vez. En realidad, un sucedáneo, empezando porque Luce no es un festival, sino un ciclo de conciertos y porque su cartel está a una distancia sideral de aquellas citas internacionales: bailar sentados o sin moverse del sitio, sin ver sonrisas, sin poder abrazarse, sin poder moverse con libertad (solo para consumir o ir al baño) ni perderse entre una marea de cuerpos frente al escenario. Pero es el sucedáneo que tenemos que abrazar para empezar a ganar espacios y tomar las riendas del guion de esta pesadilla, con buena letra y sin faltas de ortografía para no tener que reescribirlo. Una pesadilla de la que con Viva Suecia, por momentos, nos olvidamos. Justo antes y después de caer en la cuenta de que estamos al inicio de la quinta ola de la covid-19, de que falta por vacunar la mayoría de la gente y de que aquellos festivales masivos y desinhibidos todavía están lejos en el horizonte.

Después de un año en silencio, el recinto de festivales de Benicàssim volvió a abrir sus puertas a la música en directo. Foto: Cristian Lorente.

Pero el ciclo Luce se estrenó en condiciones, con el esfuerzo compartido de organización y asistentes, a veces a regañadientes y con el personal de seguridad teniendo que recordar lo obvio cada dos por tres, para demostrarnos que se puede ir ganando la luz. Aunque de momento todavía siga siendo muy tenue. Porque otros ensayos también estrenados el pasado fin de semana, como el del Viva Festival (con 10.000 asistentes, tests de antígenos y libertad de movimientos), parece que están saliendo bien. Porque la celebración colectiva de la música en directo está claro que mantiene el tirón después de tanto encierro, si bien el Luce se quedó en poco más de media entrada su primer día (unas 2000 personas). Y porque, qué se yo, no hay mal que cien años dure.

Los conciertos no fueron la principal noticia en el recinto de festivales de Benicàssim hasta que Viva Suecia se hizo con la noche, llevándola con su serie de hits de medios tiempos intensos a otro nivel. Ese en que se cierran los ojos y te olvidas del olor a mascarilla usada, te pierdes en una canción y todo fluye (o lo parece). Pasó con la mencionada “La voz del presidente”, “Lo que te mereces” o “A dónde ir”, con la gente bailando de pie en su sitio (pese a los esfuerzos del personal de seguridad), como si llevara fijaciones de esquí, coreando las letras y, por momentos, relajando las medidas de prevención hasta que todo volviera a su cauce.

Rafa Val, al frente de Viva Suecia. Foto: Cristian Lorente.

Antes, Iván Ferreiro defendió con oficio un espectáculo concebido para teatros o auditorios y trufado de melancolía, en formato dúo, con mucho relato y acompañamiento audiovisual para repasar sus 15 años de trayectoria en solitario. “Pensado para las actuaciones durante la pandemia ante la frustración que generaba en el público sentado el formato de banda”, según explicó el propio músico gallego antes de empezar. Un tono y un ritmo muy alejado del estado de ánimo que se respiraba en el Luce a las 10 de la noche, por lo que le costó mucho conectar aunque el público también estuviera sentado. En concreto, hasta que tocaron sus canciones más populares. Ahí la cosa tomó otro cariz.

Iván Ferreiro propuso un recorrido por su trayectoria a través de la música y las imágenes. Foto: Cristian Lorente.

El concierto de Cariño sí cuadró con el solazo que todavía aplastaba el asfalto del recinto a las 19:30. Golosina pop con pica-pica, saltarina y resultona, que hasta apunta maneras con canciones como la versión de “Llorando en la limo” de C.Tangana. Más verdes que una hoja, pero con soltura y convicción para meterse a su público en el bolsillo.

En el concierto de Cariño había algo de público familiar, que en próximas citas del Luce como Aitana o Camilo se prevé mayoritario. Algo que a la organización, y más teniendo en cuenta el contexto de pandemia, no pareció importarle: el orden de las actuaciones serán "sorpresa" y no van a informar sobre horarios más allá de la apertura de puertas, según soltaron en redes los perfiles oficiales del ciclo ante el estupor de la gente y el ruido de los comentarios.

Lo de los accesos, el parking y el acondicionamiento del recinto de festivales de Benicàssim es, sencillamente, dramático. Hay fiestas rave clandestinas con mejores infraestructuras. Después de 23 años está prácticamente igual de mal que el primer día, a pesar de haber acogido durante lustros a uno de los festivales más importantes del país, el FIB, y de haber convivido con las inefables etiquetas de “turismo de festivales” o “ciudad de festivales”. Una auténtica dejadez que debería de avergonzar a varias generaciones de políticos y no solo locales. Las sillas, oye, muy cómodas.

El recinto se divide entre la pista (foto) y las gradas. Foto: Cristian Lorente.