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'Juan Rana' cumple con sus expectativas de éxito en el Festival de Teatro Clásico de Peñíscola

Los cinco protagonistas de 'Andanzas y entremeses de Juan Rana' reciben el premio del aplauso del público puesto en pie. Foto: Pilar Diago.

'Andanzas y entremeses de Juan Rana', por la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Ron Lalá. Dramaturgo: Álvaro Tato. Director: Yayo Cáceres.. Intérpretes: Juan Cañas, Íñigo Echevarría, Fran García, Miguel Magdalena y Daniel Rovalher. Cuarta jornada. del XXIV Festival de Teatro Clásico Castillo de Peñíscola. Fecha: sábado 17 de julio del 2021. Lugar: Patio de Armas del Castillo. Espectadores: algo más de 200 (lleno total). Entradas: 20 euros. Inicio: 22:40.

Entradas agotadas con más de una semana de antelación. Público atento, partícipe y levantándose al unísono nada más finalizar la representación para premiar con sus aplausos a los intérpretes. Es lo que se entiende como un éxito. Es lo que consiguió la obra  Andanzas y entremeses de Juan Rana, coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Ron Lalá en el cierre de la segunda semana -y penúltima- del XXIV Festival de Teatro Clásico Castillo de Peñíscola, organizado por Cultura de la Diputación de Castellón, con Ruth Sanz al frente, y bajo la dirección de Carles Benlliure.

Una recreación del retrato de Juan Rana (derecha) preside el escenario en algunos momentos. Foto: Pilar Diago.

Si alguien encuentra el Siglo de Oro alejado de su ámbito, tal vez le sirva la película El nombre de la rosa -basada en el homónimo libro de Umberto Eco- como referencia para encontrar la base de Andanzas y entremeses de Juan Rana. Es decir, el intento de evitar la risa por parte de la Iglesia a través de la Inquisición, con castigo para quien ose gozar con algo tan natural. A partir de ahí, nada tiene que ver con el filme protagonizado por Sean Connery. Una recopilación de entremeses -piezas breves- firmados por Calderón de la Barca o Agustín Moreto son utilizados por la Inquisición para someter a juicio a Juan Rana, un actor real de nombre Cosme Pérez y de físico contrahecho que fue una auténtica estrella en el siglo XVII, tanto es así que sirvió de inspiración para Calderón y también para un cuadro de anónima autoría, tal como puede verse hoy en día en la sede de la Real Academia Española de la Lengua.

A partir del texto de Álvaro Tato y bajo la dirección de Yayo Cáceres, esta comedia acierta a conjugar los ligeros entremeses con unas piezas musicales -varias muy de chirigota- interpretadas de una manera notable, hasta el punto de conseguir que se te pegue ese “¿Quién es Cosme Pérez? ¿Juan Rana, quién es? El rey de la gracia, el alma del entremés”, todo un hit dentro del circuito de festivales de teatro clásico y más allá; no en vano acumula más de 60 representaciones desde febrero de 2020.

La música ocupa un papel muy importante en esta comedia. Foto: Pilar Diago.

La obra es un homenaje a Juan Rana (interpretado por Miguel Magdalena), pero también a la comedia, e incluso al teatro en general. La risa como alivio para las penas y temores. Siempre ha sido así. Y el poder siempre ha querido controlado, porque a través del humor se filtran críticas muy serias. En esta obra, el propio Juan Rana hace humor con la corrupción asociada al poder y extrae las mayores sonoras carcajadas del público al confesar que el político dimitirá ante las sospechas de cohecho o soborno. Y en su monólogo final suelta que espera que muchos años después de su muerte se mantenga viva la comedia. Así es: 400 años después, el humor sigue vivo y bajo vigilancia, como siempre.

El humor ha avanzado siempre al mismo ritmo de la actualidad. Y ocurre que cuando el tiempo pasa, tanto una como otro quedan pretéritos. Es lo que sucede con el humor de cuatro siglos atrás, cuando hacer bromas sobre la muerte se veía como un enorme atrevimiento, un cruzar la línea (hoy en día se lo envuelve con la etiqueta de "humor negro"). Y Juan Rana las hizo. En esta producción se atreven a incluir algunos guiños actuales, tan al día que incluso la pandemia tiene su hueco.

Una mirror ball sirve para crear momentos de ensueño. Foto: Pilar Diago.

Resulta curioso cómo se recrean los momentos de ensueño en el escenario, utilizando una muy discotequera mirror ball para, en una mezcla de bailarinas luces y sonido, trasladar la escena a un nivel onírico. Hasta el propio inquisidor (ïñigo Echevarría) ha de admitir que a pesar de todos sus flagelos, no es capaz de evitar la risa, y en sueños se ve atormentado, con El toreador -texto de Calderón- como principal tentación.

Fue el cierre de una segunda semana que empezó con la mayor excepción a la línea general de este año del festival, dominada por la comedia. Nise, la tragedia de Inés de Castro, de Nao d'Amores, hechizó el martes 13 a los espectadores por su drama, el de una noble gallega asesinada por sus amores con el Infante Don Pedro de Portugal. Una puesta en escena muy cuidada y sorprendente, con uso de un lenguaje antiguo, pero fácil de entender. Dos días después, la comedia ya se instaló en el Patio de Armas con Conquistadores, de Proyecto Cultura. Una mirada a la llegada al Nuevo Mundo, con el humor por encima de situaciones no exentas de crítica.

'Hermes, el vigía de 100 ojos' se trasladó a los Jardines del Castillo de Peñíscola. Foto: Pilar Diago.

Aunque la programación prevista sufrió alteraciones a causa de la normativa de prevención sanitaria a causa de la covid-19. Así, el martes se trasladó hasta los Jardines del Castillo la obra habitualmente itinerante Hermes y el vigía de 100 ojos, de ZTeatro, anunciada inicialmente en el Paseo Marítimo. Mientras que el sábado se optó por anular Aquiles, de la compañía vila-realense La Fam ante la imposibilidad de adaptarla a un escenario fijo.

Tercera semana