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'Hipólito' se gana al público del Teatro Clásico de Peñíscola con su exhibición de recursos

Fedra, interpretada por Camila Almeda (de rojo), solo encuentra el apoyo de Nodriza (Cristina Gallego). Foto: Pilar Diago.

Hipólito llegó al Castillo del Papa Luna de Peñíscola con el aval de dos Premios Cerinos, las distinciones que conceden los periodistas que cubren el Festival de Teatro Clásico de Merida, evento que clausuró en su edición de 2018. Y en el Patio de Armas de la monumental fortaleza bañada por el Mediterráneo quedó claro el motivo. El clásico de Eurípides es tratado con eficacia a través de diferentes mecanismos escénicos por parte de Maltravieso y La Almena Producciones para hacer llegar al público con facilidad una tragedia que afecta a los humanos bajo la mirada de las diosas griegas. Diálogos intensos, en el límite mismo de la violencia, monólogos, música y canciones en vivo, más algunos números de habilidad circense que ilustran los momentos más trágicos... Un buen repertorio de recursos para poner en escena esta versión escrita por Isidro Timón y el también director Emilio del Valle que prolongó la racha de acertadas producciones en esta XXIII edición del Festival de Teatro Clásico de Peñíscola, con llenos completos en cada una de ellas dentro de unos aforos reducidos a causa de la pandemia de la covid-19.

Esta versión de Hipólito tiene su parte coral, con once intérpretes en escena, aunque al mismo tiempo permite que los protagonistas principales dispongan de diferentes momentos de lucimiento personal a través de desesperados monólogos no sencillos de transmitir que son resueltos de manera notable en cuanto a interpretación y dicción. En el fondo de todo ello, aparece el reclamo -histórico- de la mujer de ser tratada igual que el hombre dentro de la sociedad y un canto -literal- en favor de la libertad.

'Hipólito', interpretado por el televisivo Juan Díaz (de rodillas), será alcanzado por la maldición. Foto: Pilar Diago.

Un diálogo entre la recatada diosa cazadora Artemisa (interpretada por Amelia David) y la lujuriosa Afrodita (Guadalupe Fernández), flanqueadas por el coro de la ciudad de Trecén (la también violinista Estefanía Ramírez, Sara Jiménez, Rüll Delgado y Rubén Lanchazo) pone ante el espectador una balanza entre dos maneras diferentes de entender el amor y, por extensión, la vida. Pronto surgirá entre ellas la tragedia humana, en la forma de una mujer, Fedra (destacado papel de Camila Almeda), devastada por el amor que siente por su hijastro, Hipólito (el televisivo Juan Díaz; Aquí no hay quien viva).

Un deseo que sabe culpable, imperdonable ante los ojos de la sociedad, pero principalmente por tratarse de una mujer, aunque también lo convertirá en culpable el propio destinatario de esa atracción, Hipólito, quien a su vez exhibe una proclama contra las mujeres, y especialmente las "inteligentes". La humanidad de Nodriza (Cristina Gallego) es el único soporte para Fedra, pero exiguo ante todo el peso moral que la aplasta y que la lleva a un trágico desenlace, no sin antes lanzar una maldición sobre quien no ha mostrado el mínimo gesto para entenderla, escudado en la fidelidad hacia su padre, Teseo.

El elenco actoral de 'Hipólito' saluda al público que premia su puesta en escena. Foto: Pilar Diago.

Como un espectáculo funesto, las diosas siguen contemplado un juego de acusaciones y de equívocos entre humanos de fatales consecuencias. La aparición en escena de Teseo (José A. Lucía), ya viudo de Fedra, no hace más que complicar el macabro panorama, confirmándose lo que se dejaba entrever. Con la violencia de la muerte habiendo hecho su trabajo, aparecen los reproches finales hacia las diosas y su manera de manejar los sentimientos y las acciones de los humanos, dentro de su afán de medir sus respectivas influencias.

La obra coproducida por el Festival de Teatro Clásico de Mérida se permite algunas licencias modernas, sorprendiendo la inclusión de la conocida e histórica sintonía televisiva "Con las manos en la masa", todo un hit de Vainica Doble y Joaquín Sabina que treinta años después sigue vigente, tanto como el propio texto escrito por Eurípides en la Grecia 428 años anterior a Cristo, aunque en realidad fueron dos las tragegias que escribió con similares argumentos. Sorprende en positivo lo bien resueltos que están los números musicales, cantados en vivo por el elenco actoral con el apoyo al acordeón de Fernanda Valdés, así como las metafóricas imágenes de las muertes, usando para ello la tela roja que prende de la parte alta del escenario.

Los aplausos finales demostraron el buen recibimiento de la obra, quedando colgada en el aire del Patio de Armas del Castillo de Peñíscola la canción final interpretada por todo el elenco actoral.

Los integrantes de esta producción de Maltravieso y La Almena posan junto con la diputada Ruth Sanz y el director del festival, Carles Benlliure (al extremo derecho de la fila superior). Foto: Pilar Diago.

La reducción del aforo -una de las medidas que han permitido la celebración de la edición de este complicado 2020- ha provocado que se vendan todas las entradas con varios días de antelación a las representaciones. Además de Hipólito, en la segunda semana de programación ocurrió lo mismo con Celestina, la tragiCLOWNmedia, a cargo de la también compañía extremeña La Escalera de Tijera y Un musical barroco, de Proyecto Barroco. Una cadena extendida a la semana final, con Amor oscuro, los sonetos de Lorca en versión de Viridiana; y Buscando Cervantes, una mezcla de teatro, danza y flamenco por la compañía Castro Romero Flamenco.

La excepción la marca la jornada de clausura de este evento anual organizado por Cultura de Diputació de Castelló, encabezado por Ruth Sanz, con la dirección de Carles Benlliure. Ese viernes 31 de julio se accederá al Castillo con invitación gratuita, que es necesario reservar con antelación a través del número de teléfono 964 480021. En ese último acto de la actual edición se proyectará, a partir de las 22:30, el documental Gent divergent, una producción de Teatre de Caixó a partir de su trabajo con el grupo de teatro de la Asociación Fundación Ateneu Castelló, integrado por personas con daño cerebral adquirido. Y como punto y final, la puesta en escena por primera vez del espactáculo Féi, a cargo de la compañía vila-realense La Fam.