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Entre cometas y galaxias: el EACC se llena de formas que nunca terminan de revelar qué son

La exposición transforma las salas del EACC en un recorrido por paisajes imaginarios y universos mentales. Foto: Ángel Sánchez.

Algo cambia al cruzar la puerta del Espai d'Art Contemporani de Castelló (EACC). Sus paredes dejan de comportarse como las paredes de cualquier sala de exposiciones y se convierten en un paisaje en movimiento. Hay formas que recuerdan al agua, otras a galaxias o corrientes de aire... Dibujos de gran tamaño que parecen surgir de la propia arquitectura. L’horitzó d’esdeveniments, la exposición que el artista francés Abdelkader Benchamma ha creado específicamente para el EACC, construye pasajes y transiciones entre mundos y plantea una pregunta: ¿por qué nos empeñamos en dar sentido a aquello que no terminamos de comprender?

Benchamma toma como punto de partida la fascinación humana por los fenómenos celestes y la necesidad de interpretar aquello que resulta difícil de explicar. Una de las piezas clave de la muestra es la serie Kometenbuch, inspirada en un libro alemán del siglo XVI que recopilaba apariciones de cometas y otras formas luminosas: "La gente no sabía realmente qué eran las cometas. Pensaban que podían ser dioses, espíritus, presagios o señales de catástrofes. Por eso comenzaron a imaginar todo tipo de interpretaciones. Los relatos son muy extraños y fascinantes. Alguien decía haber visto algo en el cielo que parecía una cruz; otra persona veía una figura diferente. Cada uno proyectaba sus propias ideas sobre aquello que observaba", explica Benchamma.

Esa necesidad de encontrar significado en lo desconocido atraviesa buena parte de su trabajo. El artista recurre a menudo a la pareidolia, el fenómeno por el que nuestro cerebro tiende a reconocer formas familiares cuando no sabe exactamente qué está viendo. "Nuestro cerebro intenta inmediatamente encontrar un significado y proponernos una imagen", señala. En sus dibujos, una mancha azul puede parecer agua y una forma marrón puede recordar a un árbol, aunque no sean exactamente ninguna de las dos cosas: "El ejemplo más conocido es cuando observamos las nubes y creemos reconocer rostros, animales o figuras", añade. Es en ese espacio ambiguo entre lo que vemos y lo que creemos ver donde se mueve gran parte de L'horitzó d’esdeveniments.

Las formas abstractas evocan agua, galaxias o corrientes de aire. Foto: Ángel Sánchez.

En la práctica de Benchamma conviven referencias a la astronomía, la meteorología, las catástrofes naturales, la literatura o la historia del arte: "Creo que todas estas cuestiones nos permiten crear nuevos espacios mentales, nuevos universos. Lo necesitamos para abrir la mente, para entender que quizá existen muchas historias y muchas formas de ser".

Entre esas referencias aparece también la idea de la cueva. Para el francés, adentrarse en una de ellas se parece, de algún modo, a viajar al espacio: "Cuando estás dentro de una cueva pierdes la noción del tiempo. Es una experiencia similar a viajar al espacio. Nosotros no podemos ir hasta él, pero sí podemos adentrarnos en una cueva". La comparación le sirve además para conectar la muestra con los orígenes del arte. Igual que los primeros seres humanos dibujaban sobre las paredes de las cuevas para representar e interpretar el mundo que les rodeaba, Benchamma vuelve a intervenir directamente sobre los muros del museo. "En el fondo sigue siendo la misma historia, aunque de una forma más abstracta", apunta.

Así, más que construir un relato cerrado, el artista propone una experiencia que invita al visitante a atravesar distintos paisajes físicos y mentales. No es casual que las propias puertas del EACC hayan sido intervenidas para marcar esa transición: "Era importante que la gente entendiera desde el principio que estaba entrando en otro lugar".

Foto: Ángel Sánchez.

Durante varias semanas, Benchamma ha trabajado directamente sobre el espacio expositivo desarrollando una intervención que ha ido evolucionando sobre la marcha. Los bocetos iniciales funcionan como un punto de partida, pero el resultado final se construye en diálogo con la propia sala. Como explican desde el EACC, "es algo orgánico, como una planta que crece y no sabes exactamente hacia dónde va".

Y en ese proceso han participado también las alumnas del grado de Ilustración de la EASD de Castelló Vanesa Rodríguez, Lucía Sánchez y Beatriz Soriano, que colaboraron en el desarrollo de algunos de los dibujos. El resultado combina grandes intervenciones murales, obras sobre papel y dos piezas audiovisuales creadas específicamente para la exposición, donde las animaciones se proyectan sobre los propios dibujos y amplían esa sensación de transformación constante.

La exposición podrá visitarse hasta el 13 de septiembre. Durante los días previos a la inauguración, mientras los últimos trazos terminaban de ocupar las paredes del centro, conversamos con Abdelkader Benchamma sobre algunas de las ideas que atraviesan su trabajo.

Foto: Ángel Sánchez.

>Gran parte de la exposición gira en torno a aquello que no terminamos de comprender. ¿Te interesa más generar misterio que ofrecer respuestas?
Sí, me interesa el misterio. Quiero crear un espacio que genere misterio en las personas, que las descoloque un poco, que las haga soñar, que a veces les provoque inquietud o incluso miedo, y otras veces les haga decir: “guau”. No me interesa dar respuestas. Creo que es necesario que las obras interpelen a las personas, que las hagan detenerse y reflexionar. Lo necesitamos de verdad porque es algo muy humano. Por eso me interesa más crear preguntas, incertidumbre o misterio que ofrecer respuestas cerradas.

>¿Cómo te gustaría que el público del EACC se enfrentara a ese misterio que plantean las obras?
Me gustaría que las personas pasaran tiempo dentro de la exposición, que se detuvieran a observar y se sintieran sorprendidas, incluso algo desconcertadas, como si estuvieran viajando por el espacio, entrando en otro mundo o atravesando un sueño.
Me gustaría que la experiencia se pareciera a un viaje onírico. Si consigo provocar esa sensación, me daré por satisfecho.

>Has hablado en varias ocasiones del dibujo como una herramienta de pensamiento. ¿Qué te permite el dibujo que no encuentras en otros medios?
Dibujo desde que era niño. Para mí es la forma más rápida y directa de construir una idea. Me gusta mucho esa economía de medios. Para esta exposición, por ejemplo, solo trajimos una caja de tinta; la metí en la maleta junto con la ropa y ya estaba todo listo. Me atrae esa simplicidad.

Vivimos en un mundo cada vez más tecnológico y, aunque eso me interesa, también me gusta trabajar con una herramienta muy antigua que sigue siendo extremadamente eficaz. Si estás hablando con un arquitecto y quieres explicarle una idea, a veces las palabras no son suficientes. Coges un papel, haces un dibujo y la otra persona lo entiende inmediatamente.

El dibujo llega antes que el ordenador, antes incluso que muchas otras herramientas. Para mí es el primer gesto, el punto de partida. Es una forma muy directa de pensar y de comenzar a construir una idea.

Foto: Ángel Sánchez.

>Las proyecciones tienen un papel importante en la exposición. ¿Cómo se relacionan con tu trabajo?
El vídeo es una parte relativamente nueva de mi trabajo. Lo utilicé por primera vez en una exposición hace dos años. Trabajo con dos diseñadores gráficos: yo les proporciono mis dibujos y una especie de narración o idea inicial, y ellos crean las animaciones en tres dimensiones. Después intercambiamos propuestas, hacemos cambios y vamos ajustándolo juntos. Me interesa que la animación mantenga el vínculo con el dibujo original y que transmita esa sensación de movimiento constante, como si todo estuviera girando o transformándose.

>Muchas de tus intervenciones nacen directamente en el espacio expositivo y desaparecen cuando la muestra termina. ¿Qué te interesa del arte efímero?
Me hace muy feliz cuando un espacio me invita a crear una obra directamente en su interior. Es algo muy especial porque pasamos muchos días trabajando allí y vamos construyendo la pieza sin saber exactamente cuál será el resultado final. Ni siquiera yo lo sé del todo cuando empiezo. Me gusta poner en marcha ese proceso y creo que, en cierto modo, tiene que ser efímero. Si no lo fuera, la obra no estaría tan conectada con el lugar en el que nace.

También me gusta mucho la idea de transformar un espacio. Cuando trabajas directamente sobre las paredes, la arquitectura y el entorno pasan a formar parte de la obra. Además, cuando sabes que la intervención es temporal trabajas con mucha más libertad. Si tuviera que permanecer para siempre habría que pensar en cuestiones como la conservación, los materiales o el mantenimiento. Esa libertad hace que el proceso sea más espontáneo y agradable. Ha sido una experiencia muy bonita.

Las intervenciones de gran formato fueron realizadas directamente sobre las paredes del EACC. Foto: Ángel Sánchez.

>Viendo el resultado final, podría parecer que todo surge de manera muy natural. ¿Ha sido un proceso fácil?
Fue relativamente sencillo, aunque al mismo tiempo también difícil porque la intervención es muy grande y tiene muchísimos detalles. No diría que fue fácil, porque es un trabajo muy físico, casi como hacer deporte. Acabábamos las jornadas bastante cansados. Pero me gusta ese tipo de experiencia.

Además, durante los primeros días vinieron tres estudiantes de la Escuela de Arte a ayudarme y fueron increíbles. Hicieron un trabajo muy bueno y trabajaron muchísimo. Empecé realizando algunos dibujos a grafito sobre las paredes y después ellas continuaron desarrollándolos.