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El teatro, la danza y la música más ‘callejeras’ enganchan en la Mostra d’Arts Escèniques

Espectáculo de circo a media luz en el Pasadís de les Arts, frente a La Pérgola. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Verdaderamente aquella niña estaba volando. Y si no lo estaba haciendo, nos lo parecía. Pepa Cases nos hablaba el viernes 13 de octubre en el Passadís de les Arts (Parque Ribalta) de la libertad y de las rejas, de la lucha sobre las búsquedas, de aquello animal y humano y de la felicidad. Ataviada como un pájaro y dentro de su propia jaula, Pepa Cases, con una increíble facilidad para narrar a través de los movimientos de su cuerpo, consigue liberarse de las rejas, de su plumaje, de todo aquello que ata a aquel pájaro en su búsqueda de la libertad. La bailarina y actriz encuentra una aliada entre el público, una niña que sale a escena para volar y liberarse con ella. Esa niña probablemente no estaba entendiendo exactamente el significado de esa liberación, el porqué de ese pájaro que necesita quitarse peso, el miedo, para volar. Tampoco del pájaro de papel que la propia niña libera de su jaula y se lleva con ella. Ojalá dentro de unos años recuerde aquel día que voló sobre una alfombra en el Passadís de les Arts, y sonría.

Era Volart el espectáculo de danza work in progress que llevó Pepa Cases hasta la Mostra d’Arts Escèniques de Castelló, la cual ha invadido distintos puntos del centro de Castellón y del Grao del 12 al 15 de octubre a base de música y artes escénicas, con entrada libre. Una de las particularidades de la Mostra, además de conseguir que su programación se desenvuelva a la perfección entre la rutina de la ciudad y acercar distintos espectáculos y conciertos al público a pie de calle, es que consigue crear pequeños momentos tan mágicos como la sonrisa de una niña sobrevolando el Parque Ribalta.

El ‘infierno’ de Kitai en la Plaza de la Pescadería. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Porque mágico, a su manera, también fue el concierto de Kitai en la Plaza de la Pescadería ese mismo viernes 13. Entre mágico, desconcertante e intrigante. La intensidad de Kitai parecía no tener verdaderamente un sitio dentro de la programación de la Mostra (y más comparando la banda con el resto de propuestas); eran como extraños. Unos extraños que, entre un público variado en el que se encontraba gente dispuesta a bajarse al poético y ruidoso infierno de Kitai y otro que aún no entendía muy bien qué hacía ese grupo de chicos sin camiseta sobre el escenario en mitad de una plaza, crearon una burbuja que vistió los alrededores del Ayuntamiento como si del más oscuro garito de ciudad se tratase. Y tal vez esta sea la esencia de citas como la Mostra. Que un viernes nos quememos con Kitai y que un día después, el sábado 14, entendamos las Cenizas y flores (2016) pop-rock e indie de Odio París. Y aún se escuchan los ecos preocupados de aquella mujer mayor mirando atónita a Alejandro Martinez-Esteve Melnikov (cantante de Kitai), viendo cómo se lanzaba agua sobre la cabeza mientras ella alertaba a su compañera: “Agafarà fred”.

Kepa Junkera & Sorginak llenan la plaza Mayor con la #Mostra

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Con un destello especial y singular el paso de Kepa Junkera junto a Sorginak por una Plaza Mayor llena el sábado 14 para acompañarles en su particular viaje musical. Música tradicional abierta de mente que se deja influenciar por distintas sonoridades y que cautivó al público con su hipnotismo. El músico Kepa Junkera se apoya en el grupo de instrumentación y lírica Sorginak, también compuesto por percusionistas, coristas y bailarinas que redondearon el sabor tradicional de su música.

Pero antes de que todo eso sucediese, la Mostra arrancaba el jueves 12 en el Parque de la Panderola (Grao de Castellón) con dos entretenidas piezas teatrales destinadas al público familiar: La conquista de América por La Inestable Compañía de Títeres y Frente Malabar Chou de Escenoart. Como es habitual en el teatro de calle en Castellón, el público respondió, reuniendo a cerca de 300 espectadores. Y del Grao al Teatro del Raval, donde se celebró el único espectáculo de pago (3 euros) de esta cita cultural. El cantor Osvaldo Peredo (87 años) y los castellonenses Petraski rompieron distancias generacionales a través del tango, protagonizando una emocionante actuación que se ganó la ovación de los presentes, con platea llena por completo.

La Finestra Nou Circ llevó hasta el Passadís de les Arts su particular circo. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Otra de las particularidades de la Mostra es que su programación se adapta a distintos tipos de público. El momento previo al espectáculo de Pepa Cases en el Passadís de les Arts fue un ejemplo de esto. La danza cogía el relevo a La Finestra Nou Circ, que ponía el acento circense a la Mostra a con The Troupers, cosiendo las sonrisas de niños y niñas (y también adultos) a base de malabares, acrobacias, payasos, magia y humor, y a un público familiar que en ese momento se cruzaba por el camino con uno más adulto dispuesto a liberarse con la bailarina.

Teatro también para reivindicar y para interactuar directamente con el público. Porque unas abuelas pueden hacer mucho más que pasarse las horas haciendo ganchillo, pueden liderar la revolución de Femmes de Hortzmuga Teatroa en la Plaza Huerto Sogueros. Porque si el viernes nos liberábamos a través de la danza y el teatro, el sábado 14 le tocaba el turno a la parte más crítica. Y también en el Passadís de les Arts con Maracaibo Teatro y Fémina. Teatro y danza para hacer un divertido pero incisivo retrato de la realidad de la mujer. Sus miedos, las barreras a las que se tienen que enfrentar por ser precisamente mujeres, los ojos que las examinan y cosifican e incluso la vergüenza que parece despertar su propia naturaleza. Danza para exclamar: “Nos queremos vivas y libres”. Y solo por eso ya merece la pena, sobre todo si entre el público también se encuentran niñas y niños que estos días, además de volar y liberarse sobre el Parque Ribalta, también puedan entender esa realidad que cuesta vidas.

Otro de los pilares sobre los que se desarrolla la Mostra es el de la música. Ya que, además de los conciertos en la Plaza de la Pescadería y la Plaza Mayor, mantiene su Pentàgon musical. Se trata de una propuesta en la que se desarrollan de forma simultánea cinco conciertos en distintas localizaciones; en este caso: Plaza del Real, Avenida Rey Don Jaime, Plaza Hernán Cortés, Plaza Na Violant d’Hongria y las cuatro esquinas. Pese a que algunas franjas del Pentàgon musical coincidían con las propuestas de teatro y el resto de conciertos de la programación, sí que se dieron momentos en los que los conciertos callejeros consiguieron reunir a un buen número de gente, sobre todo en las últimas horas de la tarde. Este fue el caso de Las Antonias en las cuatro esquinas y Tomaccos, también encargados de cerrar la Mostra el domingo 15, en la Plaza Hernán Cortés el sábado 14. De una manera u otra el Pentàgon musical conseguía camuflarse a la perfección y, de una manera u otra, por curiosidad o con intención, se llevaba la atención de la gente de la calle.

La Mostra demuestra que la cultura no tiene edad. Foto: Carme Ripollès (ACF).