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El teatro de calle como terapia colectiva hecha de miradas con la boca tapada

“Si tienes sensibilidad y quieres hacer llegar el mensaje, ese mensaje llega y se genera una comunicación. Esto -dice señalando su mascarilla con el logo de Xarxa Teatre - da igual, porque tú lo sientes y lo vives”. Paula Escamilla es actriz y bailarina; también una de las personas que está detrás de la compañía vila-realense de teatro de calle Escandall Teatral: “El gesto es un lenguaje universal. Te ayuda a que el espectador entre dentro de la historia, se emociones y sienta de una manera no realista. Hoy en día nos dan las cosas muy masticadas, nos dicen lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que hacer… El teatro, y sobre todo el de calle, tiene que hacer una reflexión al público. Tiene que ser crítico y comprometido”. Esto nos lo explicaba la propia Paula minutos después de haber presentado Amagatalls secrets en el MUT!, el Festival de Teatre Sense Text de Castelló que se desarrolló en septiembre de 2020.

Amagatalls Secrets forma parte de Distopía, una trilogía que pone al público frente a una sociedad distópica para reflexionar sobre la necesidad de crear una conciencia medioambiental. Lo presentaron hace un año en Colombia, pero con la irrupción de la covid-19 cambiaron los planes de la compañía: “Todas las giras y actuaciones que teníamos se han cancelado y nos hemos quedado parados muchísimo tiempo”, lamenta Paula. “Esto nos hace vivir más al día”, reflexiona también Javier Gracia, “sabemos que estamos en una situación muy frágil. Vamos a aprovechar para trabajar todo lo que podamos y nos centraremos en una nueva creación para tener material nuevo e interesante que mostrar el año que viene”. A Javier nos lo encontramos entrando en La Pérgola, convertida en los camerinos de las compañías que han pasado por la quinta edición del MUT!. Está estirando y calentando junto a sus compañeros de D’Click (Ana Castrillo y Hugo Gauthier) minutos antes de convertir el Passadís de les Arts (Parque Ribalta) en su particular Isla, una combinación de humor, danza, teatro y circo. “Actuar en estas circunstancias nos ha costado mucho. Además de todas las cancelaciones y aplazamientos, una de las cosas que más nos ha costado es la distancia con el público”.

MUT! 2020

“La cultura es segurísima”, afirma rotundamente Paula, “cuando vas a ver cultura, vas a un lugar donde se respetan todas las medidas de seguridad, incluso diría que más que en otros sitios. La cultura lo que te propone es una reflexión y un crecimiento a nivel individual y social. No se puede dejar a un lado porque, sin esa capacidad de reflexionar y de crecer como individuos, no vamos a poder crecer como sociedad. Vamos a seguir igual y nos vana seguir teniendo como marionetas”. Citas como el MUT!, la Mostra d’Arts Escèniques, el DIMCAS, la Mostra de Teatre Reclam… Este año se han convertido en algo así como un refugio cultural para una tormenta que nadie esperaba. Un punto en el que nos hemos tenido que enfrentar no solo a una realidad nueva, sino a sensaciones y emociones que han llegado como torbellinos. Así lo explica Sérgio Fernandes de la compañía portuguesa Teatro Só: “La cultura es necesaria y la gente la necesita casi como comer. La soledad que viven algunas personas es muy profunda. Estamos desolados y hemos caído en un bucle del que es difícil salir; y este festival es una oportunidad para hacerlo”.

Cía. Vaivén Circo ('Esencial') en el MUT! 2020. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Pero, ¿cómo se enfrenta un festival como el MUT! a una edición en un contexto como este? “Este año ha sido excepcionalmente complicado”, explica Sergi Heredia, director artístico del MUT!, “hemos tenido varias programaciones, porque al principio había más compañías internacionales y, a medida que nos hemos ido acercando a la fecha, hemos tenido que cancelar algunos espectáculos porque venían de fuera o porque logísticamente no era posible”. También aprovechamos para hacer balance de una edición que ha llenado en cada jornada: “La gente ha venido muy predispuesta y siendo consciente de las normas que pedimos para el correcto desarrollo de los espectáculos”. “La cultura es completamente segura, y más aún con las medidas de seguridad: distanciamiento social, registro de entrada, gel, mascarilla obligatoria… Se puede hacer”, afirma.

Sérgio Fernandes y Ana Gabriel (Teatro Só) después de representar 'Sorriso'. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Y, es que, quién iba a decir que en un festival sin palabras sería el público el que se quedaría ‘mudo’ tras una mascarilla: “Es más fácil transmitir una emoción con el cuerpo. Puedes intentar explicarla con palabras, pero es más fácil sentirla”, reflexiona Sérgio. Teatro Só probablemente llevó hasta el MUT! dos de las obras más intensas del festival. Somente y Sorriso reflexionan, de dos formas muy distintas pero igual de poéticas e intensas, sobre la soledad de las personas mayores. Es difícil no mirar a los ojos de ese ‘anciano’ en zancos (Somente) y no pensar en cómo la gestión de una crisis sanitaria, política y social como la que estamos pasando ha podido olvidarse de ellos; de su memoria.

David Moreno tocando el piano en vertical con Cristina Calleja dentro en la plaza Huerto Sogueros. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Pero es que eso es la cultura, eso es el teatro de calle y eso es el MUT! También es rompernos por dentro con Sorriso, acabar naufragando de risa y con la boca abierta con D’Click o acabar atrapados en la distopía de Paula Escamilla y compañía. También en David Moreno tocando el piano en vertical mientras Cristina Calleja baila dentro de la caja (Flotados), la poesía y el arte encontrándose en una sorprendente Tortuga de Gauguin (Compagnie Lucamoros) o simplemente recordar las carcajadas infinitas del aquel hombre mientras veía Rien à Dire de Leandre Clown y sus calcetines amarillos.

Leandre Clown con 'Rien à Dire' cerrando el MUT! 2020. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Rien à Dire. Nada que decir. El MUT! no utiliza palabras, no tiene nada que decir aunque esté diciendo muchas cosas. Solo que ahora, tal vez, también le toca al público hablar. “Es necesario que la gente salga a la calle, al teatro, a apoyar a las bandas… a ir a ver cultura”. Paula es clara, incisiva y te habla cuando te mira a los ojos: “Hasta que no hemos salido a reivindicar los derechos como trabajadores y trabajadoras del sector cultural, no había medidas específicas para nosotros. Ha sido una pelea constante. La gente se cree que ser artista o dedicarse a la cultura es un hobbie y no es un trabajo, y esa no es la realidad”, denuncia, “hay que cambiar ese chip a nivel social. Somos trabajadores como cualquier otra persona y tenemos que tener nuestros derechos”. “Esto nos puede servir para darnos cuenta de que lo que teníamos antes tampoco funcionaba e igual deberíamos plantearnos qué nos puede funcionar. Ahora se está hablando de que esto no va a ser como antes, ¿pero queremos que lo sea? Con la ayuda de la cultura se puede reflexionar, ir más allá y encontrar qué es lo que queremos”.

'Tortuga de Gauguin' de la Compagnie Lucamoros en la plaza Huerto Sogueros. Foto: Carme Ripollès (ACF).