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Costa de Fuego: Cierre a media luz con Marilyn Manson, lucimiento de los nórdicos y apoteosis con Hamlet

In Flames. Fotos: Nacho Canós (Obturados).

El festival Costa de Fuego. Año I, ya es historia. Ha cerrado con un balance general satisfactorio tanto para organizadores como para las 12.000 personas que en cada jornada han asistido a un evento que, salvo alguna coincidencia de horarios entre bandas importantes y el enojo provocado entre quienes pagaron el abono “normal” por la aparición de ofertas de última hora mucho más baratas, ha recibido buenas críticas en cuanto a funcionamiento, instalaciones y, sobre todo, el buen ambiente –de colegueo- reinante en el recinto y la posibilidad de ver a bandas míticas de la historia de la música rock, con Guns n’Roses y Marilyn Manson como cabezas de cartel.

El Reverendo fue la estrella que puso el foco principal de luz a este último día. Una luz oscura, cómo no, procedente del metal industrial y gótico que factura Brian Hugh Warner y que hechiza a unos, horroriza a otros pero a casi nadie deja indiferente. Sus conciertos ya no son descontrolados, todo está bien medido, como demostró anoche en Benicàssim. No faltó el maquillaje, las máscaras, el micro con forma de filo de cuchillo, el numerito de la lectura y ruptura de Biblia apoyada en un púlpito desde el que arenga a las masas mientras les avisa de la inminente venida del “Antichrist Superstar”, todo ello con mensajes nada subliminales que no llegaron a un público (muy) mayoritariamente español que no captaba lo que el cantante transmitía entre los largos parones que separaban cada canción. Fue una actuación de una hora y veinte minutos con momentos puntuales intensos que en general convenció al público más afín a su obra –muchos muy identificables por su vestuario- pero que fuera de ese sector, dejó la sensación de haber visto a escasos metros de distancia a un impactante mito, pero poco más.

El hombre cuyos discos llevaban el sello de "Parental Advisory: Explicit Content" como un elemento más de la portada y cuyos directos eran una anfetamínica anarquía que provocaba la incómoda sensación propia del descontrol, ya hace años que está amansado por el éxito. Sus más recientes discos han pasado con más silencio que traca, aunque con el Born Villain incorpora un poco la cabeza. Vuelve a contar con Twiggy Ramírez, personaje tan inquietante como el propio Manson, para ocuparse ahora de la guitarra, y con él recupera algo de aquel tiempo pasado que no volverá, pero que en su momento creó  un aura imperecedera que magnetiza incluso a quien no conoce su obra pero que no quiere perderse la oportunidad de ver a quien es, de pleno derecho, un icono de la cultura rock.

Las descargas de “Disposable Teens”, “mOBSCENE”… fueron disfrutadas por la parte central del aforo, al que sólo se unió el resto en temas como “Personal Jesus” y “Sweet Dreams” –dos canciones manufacturadas originalmente por mentes que no son la de Marilyn Manson, aunque sean tan clásicas en su repertorio como en los de Depeche Mode y Eurythmics-, dejando el culmen para el “The Beautiful People” final.

Pero no sólo de Marilyn Manson vive el asistente al Costa de Fuego y la jornada final tuvo otros puntos álgidos, entre los que se puede apuntar esa cronometrada y bien recibida actuación de Nightwish, rivalizando en efectos de fuego con la de Guns n’Roses. Superado el impacto que supuso la salida de la soprano Tarja Turunen y la entrada de la más “estándar” Anette Olzon –y con la participación cada vez mayor del bajista Marco Hietala- el repertorio de la banda finlandesa se ha adaptado cada vez más a los registros de la nueva vocalista, quien pone ganas, y también una voz que no está nada mal, a las ideas del teclista Tuomas Holopainen, influido por el metal, pero también por el sinfonismo o, mejor dicho, por las bandas sonoras cinematográficas. La incorporación de Troy Donocley a la gaita irlandesa y flauta potencia aún más el factor folk, recreando por momentos ambientes de la fría tierra natal, pero consiguiendo también que la versión de “Over The Hills and Far Away” suene más irlandesa que la original de un natural de Belfast como Gary Moore.

Nightwish.

El resto del día en el escenario principal fue de lo más contundente, empezando con la durísima tormenta sonora de los valencianos Noctem, antes de que Architects gustasen a los más hardcorianos del lugar y a continuación los suecos In Flames descargasen todos sus clásicos de death melódico, como “Cloud Connected”, “Only for the Weak” o “Take this Life”, llenando ya la explanada frontal del más grande punto de reunión del Costa de Fuego. Y después de Marilyn Manson también hubo vida allí, como lo demostró Hamlet, en una apoteósica actuación en la que Molly, además de pegarse unas cuantas carreras de parte a parte de la escena, se fundió con el público buscando siempre su participación, mientras su pareja, la presentadora de televisión Pilar Rubio, lo observaba todo desde un lateral de la gran tarima. Letras cargadas de furia y crítica que en un momento de crisis suenan como un gran megáfono para una sociedad que se las ve tiesas… y lo que parece que aún ha de llegar. Y para poner el punto final, más tralla, la hardcoriana de los Cancer Bats.

Hamlet.

El Black Bikini, segundo escenario, tuvo un poco de todo, pero alcanzó su momento culminante con Opeth. Los suecos eran muy esperados por el sector más investigador del metal, y su coincidencia con parte del show de Marilyn Manson provocaba la mayoría de las quejas en relación a los solapamientos de horarios. A la hora de la verdad, un ligero retraso en su arranque permitió disfrutar  casi en su totalidad de ambas actuaciones y Opeth tuvo la capacidad de arrancarle un pellizco significativo de público a la estrella del día. Al ser un festival metálico, Mikael Åkerfeldt volvió a extraer sus voces guturales que cada vez esconde más en disco, para combinarlas con tonos muy dulces, mientras la música experimentaba cambios radicales de ritmo, abandonando el black e introduciéndose en líneas sonoras muy melódicas. Grandes instrumentistas e ideas, aunque su progresismo obliga a una escucha atenta, chocando con la intención de quien quiera botar constantemente delante de una escena. Katatonia tuvo que afrontar problemas técnicos, lo que unido a su “negra” concepción del metal, provocó cierto decaimiento de ánimos, que habían sido levantados minutos antes por el contundente mathcore de los británicos Rolo Tomassi.

Opeth.

Por el escenario Jack Daniel’s, el más ensordecedor por su estructura cerrada, pasaron los castellonenses Guilles de Rais, con muchas ganas de volver a poner en marcha su death & roll. Fue en este punto donde se observó la mayor disparidad de estilos, pasando por el power de Dünedain, el industrial de The Tractor, el rock instrumental de Toundra –una de las buenas revelaciones del Costa de Fuego-, el electrónico refinado de Psideralica o la presencia de todo un mito comunicativo del heavy como El Pirata.

El autobús de Red Bull fue el menos concurrido por el público, pero por él pasaron bandas nuevas que derrocharon ganas ante un auditorio que solía comenzar con un número de presentes contados con los dedos de las dos manos y que acababa por reunir cifras de asistencia con dos ceros a la derecha.

Guilles de Rais.