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Col·lectiu d'Improvisació Musical de Castelló. "La sensación salvaje de estar al borde del precipicio"

Concierto de presentación del Col·lectiu d'Improvisació Musical de Castelló. En la imagen (desde la izquierda): Amadeu Marin, Natsuko Sugao, Jesús Gallardo y Josep Lluís Galiana. Foto: Carme Ripollès (ACF Foto).

No acostumbra Castelló a ser nido de riesgos musicales. Los géneros clásicos de la denominada música moderna ocupan el 99% de la escena desde que el pop y el rock empezaron a asomar por esta zona del Mediterráneo. Pero siempre hay alguien dispuesto a romper patrones desde las comarcas CS. No son los que más popularidad alcanzan, ni protagonizan conciertos multitudinarios, pero captan la atención de quienes gustan de escuchar algo que les rompa esquemas y les provoque sorpresa. El ejemplo más reciente es el Col·lectiu d’Improvisació Musical de Castelló (CIM.CS), que se presentó en directo el pasado 13 de enero en la inauguración del ciclo Raval de MúsiCS (y que puedes ver en el siguiente vídeo).

No hay estribillos que tararear, ni tampoco un set-list que indique cuál es el siguiente tema. Se trata de experimentar a través de la improvisación, un objetivo que exige un buen dominio del instrumento, escuchar al compañero y el gusto por el riesgo, de colocarse al borde del precipicio y salvarse en el último instante. Su nombre ya lo indica: no es un grupo, sino un colectivo abierto a interesados y variable en cuanto a número e integrantes. El coordinador del Col·lectiu, el guitarrista Amadeu Marin, explica a Nomepierdoniuna en qué consiste exactamente esta experiencia, que podrá conocerse más a fondo en las Free Impro del Museu de Belles Arts, a celebrar los días 26 de enero, 18 de febrero y 11 de marzo, siempre a las 19:30 y con entrada libre.

>Lo primero. ¿Quién es Amadeu Marin?
Un apasionado de la música. He sido otras cosas, pero esta pasión siempre ha estado en lo profundo y en lo superficial, muy dentro de mi alma y muy a flor de piel. Y para cerrar aún más el foco, Amadeu Marin es el músico que actúa de catalizador de los enormes y singulares talentos y energías creativas de los miembros del Col·lectiu d’Improvisació Musical de Castelló (CIM.CS).

Amadeu Marin y el percusionista Jesús Gallardo. Foto: Carme Ripollès (ACF).

>Musicalmente, ¿dónde podemos rastrear tu pasado?
Al llegar a València para estudiar Filología me di de bruces con Actum. ¡Menuda suerte la mía! Actum, de la mano de sus fundadores, Llorenç Barber y Josep Lluís Berenguer, pusieron en mí la semilla del pensamiento musical de John Cage. Un buen día acudí a un evento de Actum en el teatro de la Societat Coral el Micalet en Valencia, y eso fue toda una epifanía para mí. Me uní a ellos y empecé una incipiente carrera dentro de la música experimental y de vanguardia.

>¿Y qué llegó después de Actum?
Después de la época de Actum giré mi mirada hacia el mundo del jazz, que me ayudó a formarme más como instrumentista y músico en general. Digamos que el jazz supuso un estanque en el que metí primero los dedos de los pies, luego todo el pie, incluso hasta media caña. Pero en un momento dado me di cuenta de que no era mi elemento, que no me producía tanta satisfacción como la que me había producido la época anterior. Así que en cuanto me encontré con más tiempo en mis manos hace unos años volví la mirada hacia la música experimental y el arte de vanguardia, la semilla de la cual habían implantado en mí John Cage y Actum.

Músicos con mucha experiencia conformaron esta especie de big band entregada a la improvisación. Foto: Carme Ripollès (ACF).

>Según te he leído en la biografía que has escrito en bandcamp, tu primer descubrimiento fundamental como guitarrista fue Jimi Hendrix, quien a pesar de estar actualmente mucho más que aceptado dentro del panorama musical, en su momento fue un artista absolutamente rompedor, llevando la guitarra a otro nivel.
Cuando escuché por primera vez a Jimi Hendrix fue como si el suelo desapareciera bajo mis pies. ¡Me explotó la cabeza! Él fue el primer guitarrista que me impresionó de tal manera cuando era jovencito que sin entender qué puñetas era lo que estaba haciendo exactamente con su guitarra, motivó en mí la determinación, la necesidad incluso, de convertirme en guitarrista. Esto fue a principios de los 70.

Momento para los clarinetistas, con Núria Albella y Miquel Àngel Marin. Foto: Carme Ripollès.

>El otro nombre que destacas como referente personal, el que más, es John Cage.
En la primera mitad del siglo XX John Cage recibió y transmitió una serie de influencias y enseñanzas (el futurismo de Luigi Russolo, el dadá de Marcel Duchamp, la filosofía del budismo Zen, etc), que desembocaron en una liberación de convenciones para músicos y artistas de otras disciplinas. A partir de Cage, todo es susceptible de ser usado en la creación artística. Si nos ceñimos al mundo de la música, cualquier sonido puede ser utilizado para crear música. Cage recogió del Zen la idea del respeto a todos los seres y la aplicó a los sonidos. Bueno, todo esto es lo que yo absorbí gracias a Actum en Valencia, y esa simiente no paró de germinar y de crecer en mí, y de conformar mis convicciones artísticas/musicales.

>En bandcamp es posible encontrar varias grabaciones tuyas, todas dentro del campo de la experimentación.
Sí, en bandcamp hay cuatro álbumes creados este año: Inside-out miniatures, un álbum en solitario de miniaturas de improvisación libre; Openings, junto al excelente trombonista y miembro del CIM.CS, Víctor Colomer; Over to you, un proyecto de duetos online realizado en colaboración con 13 improvisadores de varias partes del mundo; y finalmente Primera fornada, la primera grabación del Col·lectiu, de una intervención sorpresa que llevamos a cabo en la Nau Dels Forns de la Reial Fábrica de Cerámica de l’Alcora en agosto pasado. Aparte, también está mi canal de YouTube

La trompetista Natsuko Sugao. Foto: Carme Ripollès (ACF).

>¿Cómo nace la idea del Col·lectiu y cómo empieza a desarrollarse?
Como he dicho, en el momento en que yo por circunstancias personales tengo más tiempo para volver a la música y miro hacia atrás, me doy cuenta de que la improvisación es lo que siempre me había atraído al escuchar música (desde Hendrix hasta Derek Bailey, el gran guitarrista y padre de la improvisación libre europea) y me había movido a crearla. La improvisación libre es la única forma de hacer música que te aporta esa sensación salvaje de estar al borde del precipicio, a punto de dar el salto. Entonces tuve la idea de montar, no un grupo fijo, sino un colectivo de músicos, gente dispuesta a dedicar al menos parte de su actividad musical a la improvisación libre. Contacté con José Luis Miralles y Jesús Gallardo, luego con Víctor Colomer...  hasta reunir el resto de las personas que forman parte de ese colectivo: Josep Lluís Galiana, Núria Albella, Joan de Ribera, Miquel Àngel Marin, José Ángel González, Santi Mabad y Natsuko Sugao.

>¿Puedes explicarnos el método de trabajo para que exista coordinación dentro del colectivo? ¿A partir de qué empieza una pieza de improvisación y cómo se desarrolla?
En realidad no hay un método; eso seguramente sería contrario a la idea de improvisación libre (queremos sentir el precipicio bajo nuestros pies). Y si lo hay, este se reduce a una palabra: "escuchar".  Todo lo que se toca sale de escucharse unos a otros atentamente, de sentirse en el espacio donde estás, y también, si hay público, de sentir de alguna manera cómo el público te está acompañando; más allá de la escucha intensa, utilizamos una intuición musical cultivada durante largos años. Por supuesto, detrás de esto en cada músico hay decenas de miles de horas de trabajo con el instrumento.

“No hay un método; eso seguramente sería contrario a la idea de improvisación libre. Y si lo hay, este se reduce a una palabra: escuchar”

Pero como postularía el budismo Zen, toda esa disciplina es instrumental, secundaria, y lo que cuenta en el momento de crear, de hacer arte, de improvisar, es lo que esa filosofía llama el “te”, que sería esa ingenuidad o habilidad de convertirte en “fuente de maravillosos accidentes”; yo a esto le llamo también la "sorpresa", y como dije en la presentación del concierto, citando al recientemente desaparecido guitarrista e improvisador británico John Russell, a diferencia de otras músicas, en esta el público descubre la música al mismo tiempo que los intérpretes.

>¿Lo que vimos en el Raval era totalmente producto de la improvisación del momento? Es decir, lo que me intriga es si todo surge en aquel momento o hay alguna preparación previa.

La hoja del guión del concierto del Teatre del Raval de Castelló.

En el concierto del Raval teníamos preparado un guión o estructura de organización de grupos instrumentales. Siendo ocho, no podíamos estar los ochos improvisando todo el tiempo; entonces diseñamos unas configuraciones que aportaran contraste, pensando en que el público lo recibiera de manera agradable. Así que empezamos con un octeto, luego seguimos con un dueto de clarinetes, después un sexteto, etc. Aparte de eso, dijimos, por ejemplo, que el sexteto lo empezaríamos arriba (intenso), o que el último octeto se iría deshaciendo poco a poco al ir abandonando el escenario uno a uno; pero a partir de ahí se trata de escuchar; escuchar muy bien a todos; escucharte a ti mismo y decidir cómo contribuir al flujo de la música.

>En el Raval erais ocho músicos en escena. ¿Todos los que ahora mismo forman parte del colectivo? ¿Habéis recibido propuestas para unirse?
El CIM.CS actual se compone de once miembros, pero lo normal es que el colectivo vaya acogiendo cada vez a más porque la idea es, como digo, no la de un grupo fijo sino la de un colectivo de gente que quiera improvisar libremente, que tenga el talento, la habilidad, la disposición, la actitud, la curiosidad suficiente como para hacerlo. Normalmente ofrecemos a otros músicos que se unan; y además, aunque nosotros somos músicos y siempre lo vemos desde el punto de vista de la música entendida en sentido muy amplio (la música como arte en el tiempo), queremos empezar a  incluir otras disciplinas artísticas, especialmente el arte plástico, el movimiento, la proyección de vídeo o los “visuals”.

>Se os podrá ver de nuevo en el Museu de Belles Artes de Castelló en tres sesiones. ¿Qué podremos ver y oír en ellas?
Empezamos el miércoles 26 del corriente mes de enero, a las 19:30, una serie de intervenciones musicales mensuales que el IVC, por medio de su delegado territorial en Castelló, Alfons Ribes, nos ha programado. Serán nueve en total: seis el primer semestre y otras tres después del verano. En ellas vamos a presentar distintas formaciones. El día 26 seremos un cuarteto: Josep Lluís Galiana a los saxos, Joan de Ribera a los teclados, Jesús Gallardo a la percusión y yo a la guitarra. En febrero presentaremos un quinteto con distinta configuración y en marzo un sexteto. Estamos programando el segundo trimestre en estos momentos.

“En el Museu de Belles Arta tenemos programadas nueve sesiones, cada una con un carácter único”

Estas sesiones serán muy especiales por varios motivos. No son conciertos strictu sensu, sino sesiones de desarrollo creativo del CIM.CS, de cara al público. Además, a partir del segundo trimestre vamos a invitar a improvisadores de fuera del colectivo, así como artistas de otras disciplinas. La idea es que el crezcamos tanto al tocar juntos como al colaborar con otros artistas. En las salas de exposición del Museu, al tratarse de espacios singulares, no habituales (no estamos en un teatro ni en un auditorio), el juego con el espacio y con la luz va a ser importante, incluso el movimiento.  Propondremos sesiones singularizadas; cada una tendrá un carácter único, una identidad propia; unas distintas de las otras. Esperamos mucho de estas intervenciones, entre otras cosas ser capaces de congregar un público fiel con el cual establecer un diálogo, incluso explícito, acerca de nuestra aventura artística.

El primer concierto del Col·lectiu d'Improvisació Musical de Castelló (desde la izquierda): Josep Lluís Galiana (saxos), Natsuko Sugao (trompeta), Amadeu Marin (guitarra), Jesús Gallardo (percusión), Núria Albella (clarinete), Víctor Colomer (trombón), Miquel Àngel Marin (clarinete) y Joan de Ribera (teclados). Foto: Carme Ripollès (ACF).