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Barón Rojo se despide de Castelló con un bombardeo de clásicos

Carlos de Castro (sentado) y su hermano, Armando, en el concierto de despedida de Barón Rojo de Castelló.

Barón Rojo, en la gira de su 40º aniversario y de despedida + Dry River. Viernes 30 de enero de 2020. Sala Opal del Grau de Castelló. Lleno total: 1.000 espectadores. Precios: 22 euros (anticipada), 28 (taquilla) y 40 (VIP). Dry River (21:50-22:30). Barón Rojo (23:00-1:37).

Se oye comentar entre gentes del rockerío que los hermanos De Castro no son los más simpáticos del lugar. Una forma de ser marcada por una rigidez que aplican dentro del contexto de Barón Rojo ("Carlos y yo tenemos una manera de trabajar y de funcionar", ha comentado en alguna ocasión Armando para justificar decisiones poco amables). En realidad, lo que se vislumbra desde el punto de vista del espectador es que buscan ofrecer un producto musical lo más profesional posible y con ese objetivo imponen sus reglas. Llegan a Castelló y de telonero, Dry River, una apuesta segura para completar un cartel todavía más atractivo dentro de su gira de despedida. Eso sí, 40 minutos de actuación para los del Riu Sec, y ni uno más, por lo que el vocalista Ángel Belinchón echa unos cuantos vistazos a su reloj para cerciorarse de que todo transcurre dentro del margen previsto. Y del bis, muy solicitado, ni hablar. Carlos y Armando quieren el tiempo necesario para montar su set y bombardear desde su rojo avión con su repertorio de clásicos durante dos horas y 37 minutos bajo la mirada del Barón que ilustra el disco Metalmorfosis. Es su gira de adiós después de 40 años y no van a incumplir su propósito de mantener viva su leyenda de héroe del heavy nacional.

Cuarenta años dan para mucho; en su caso, para 13 discos en estudio y cinco en directo. Podrían ser más. Sin embargo, los dos hermanos que siempre han pilotado al Barón tienen pocos pelos de tonto. Es posible que no vuelvan a cruzar una frase amable con Sherpa, pero tienen claro que es aquella etapa inicial, y sobre todo sus cinco primeros álbumes ("Larga vida al rock and roll", "Volumen brutal", "Metalmorfosis" y "En un lugar de la marcha", más el directo "Barón al rojo vivo", grabados entre 1981 y 1985) los que mantienen viva su leyenda y aquellos temas son los que el público realmente acude a escuchar. Hace catorce años que no han grabado un nuevo tema propio. Probablemente pensaron que con la brutal caída de ventas de cds y vinilos ya no valía la pena seguir trabajando en canciones que incluir en nuevos discos que solo irían a parar a las discotecas de los muy fans de Barón y de los formatos clásicos. Tenían suficiente legado para complacer a los públicos de sus giras. Y siguiendo esa ruta se han movido durante los últimos años.

Aunque Armando haga algunas referencias a diferentes años y discos de Barón Rojo, en realidad sus descargas posteriores a los álbumes arriba citados se reducen -salvo algún despiste del redactor- a la "Obertura" de Tommy Barón -su tributo a la ópera rock de The Who-, "Tu infierno" (Ultimasmentes), "Fronteras" (20+), "Te espero en el infierno" (Desafío), "Vampiros y banqueros" (Obstinato). El resto, más del 80% del concierto, se puede encontrar en aquellos cinco primeros discos... porque es eso lo que el público espera. Y no tardará en verse contentado. A la tercera ya grita Armando "Larga vida al rock and roll". "Chica de la ciudad" también se cuela en esa parte inicial.

Los hermanos De Castro y el nuevo José Luis Morán, en primera línea de escenario.

A partir del octavo tema ya no hay vuelta al más allá de 1985. "Breakthoven" es el primer punto culminante de la noche, en la que el sonido se fue arreglando poco a poco, pero sin llegar al nivel esperado. Una mezcla de heavy y clásica muy celebrada y coreada por los asistentes, como casi todas las que van a sonar a partir de ese momento: "Se escapa el tiempo", la instrumental "El Barón vuela sobre Castelló", "El malo", "Tierra de vándalos", "Las flores del mal", "Incomunicación", "Hermano del rock and roll", "Satánico plan (volumen brutal", la clásica "Czardas", "Con Botas Sucias" (incluyendo un fragmento de "Born to be wild"), "Cuerdas de acero", "Resistiré", "Hijos de Caín", "Los rockeros van al infierno/Casi me mato" y en el bis, "Barón Rojo"; "Son como hormigas" y una muy emotiva "Siempre estás allí" ovacionada antes de su final.

A nivel creativo, los buenos años ya quedan muy atrás, pero su continuidad ininterrumpida durante el tiempo provoca que Barón Rojo siga sonando a Barón Rojo, no a una especie de tributo de sí mismos ni a una agrupación nostálgica. Cierto es que salvo cuando han regresado José Luis Campuzano Sherpa y Hermes Calabria, poco ha importado en cuanto a repercusión quién haya acompañado a los hermanos De Castro (ni el virtuoso bajista Pepe Bao, ni Niko del Hierro, Ángel Arias, Gorka Alegre o incluso el actual batería, Rafa Díaz, trece años ya en el grupo, ahora junto a un José Luis Morán quien por imagen, estilo al bajo y actitud se mimetiza perfectamente con el dúo líder). Carlos y Armando forman probablemente -y sin el "probablemente"- el mejor dúo de guitarras del rock nacional (sus voces ya no se acercan a ese nivel) y no escatiman ni un riff en demostrarlo, aun con un Carlos realizando el concierto sentado, al lado de un Armando que no para de moverse y de demostrar por qué es el guitar hero por excelencia del heavy en esta tierra de vándalos.

Estreno en casa de la nueva etapa de Dry River

Curiosamente, la actuación de Barón Rojo sonó peor que la de Dry River (sobre todo en su fase inicial), sonorizada por Juan Carlos Morcillo. Para los castellonenses era una noche muy importante. Por un lado, por telonear a la banda más importante del metal español (una semana antes hicieron lo propio con otros míticos, Asfalto, en Valencia). Por otra, por estrenar en casa su nueva etapa, con Guillermo Guerrero supliendo la guitarra de Carlos Álvarez, más un Miquel Centelles sustituyendo cada vez con mayor frecuencia a Martí Bellmunt y con Fanfi García sin la compañía de Marc Escrig en el apartado actoral.

Dry River, en la presentación en casa de su nuevo guitarrista, Guillermo Guerrero (derecha).

Tal como se esperaba, el madrileño Guillermo Guerrero se confirmó como un gran guitarrista que mantiene el nivel junto al nunca suficientemente valorado Matías Orero, cuyo carácter tendente a la discreción encima y debajo de un escenario parecen ubicarle en un plano secundario. Juntos se marcaron algunos momentos muy intensos, especialmente en "El camino", ganándose el fuerte aplauso de los presentes después de un solo repleto de técnica y fuerza. Instrumental y vocalmente, Dry River no tiene excesivos problemas en mantener el nivel ya conocido, a pesar de la importante ausencia de Carlos, con sus guitarras, sus teclados y sus coros, más sus composiciones, auténtica prueba de fuego para el grupo a la hora de afrontar su siguiente grabación. Para defender su actual patrimonio musical lleno de complejidad pero a la vez gancho, sin problema alguno. Van sobrados. Otro discreto, el bajista David Mascaró, y el espectacular batería Pedro Corral, también se encargan de garantizar el resultado.

Ahora es Ángel Belinchón el foco principal en primera línea del escenario. Siempre se luce en sus interpretaciones, y encima sorprende con un largo grito en "La mujer en el espejo" (del ya lejano El circo de la tierra, de 2011) que arranca en gutural para acabar en agudo. Desde "Perder el norte" a la final "Traspasa mi piel", Dry River vence y convence. Recuerda que Carlos Álvarez les ha dejado temazos como la balada "Me va a faltar el aire" ("vuestra favorita"), respondida por los emocionantes coros del público. Ovación y petición de bis. Pero... era la noche de despedida de Barón Rojo de Castelló... salvo que dentro de un tiempo haya una reunión de conmemoración de algo y su rojo avión vuelva a volar sobre La Plana.