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Víctor Coyote: “No reniego del pasado, sino de vivir en él; aunque la búsqueda de la originalidad por la originalidad no lleva a ningún lado tampoco”

A Víctor Aparicio no le gusta repetirse, ni tampoco ceñirse a los límites de estilos concretos. Bajo esas premisas ha confeccionado una discografía eclética que, sin embargo, tiene su sello propio. El gallego estará en el Bestialc de l’Alcora el 17 de junio, pero antes explica a Nomepierdoniuna algunos porqués.
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El Bestialc de l’Alcora lleva 22 años sorprendiendo con su cartel. Lejos de un listado comercial siempre opta por músicos que avanzan en paralelo, a quienes interesa más tener libertad creativa que someterse a las reglas no escritas que deben conducir al éxito de masas. En el listado que ha elaborado el colectivo DSK (Germán Albero, Dani Chiva, Vicky Hernández, Pablo Alfieri y Hugo Vivas) para el sábado 17 de junio aparece el nombre de Víctor Coyote, un histórico de la música que allá por los 80 caminaba al lado de la Movida pero siguiendo un rumbo diferente. Procedente del rock and roll clásico, como se puede apreciar en las primeras grabaciones de Los Coyotes, con unos ritmos psychobillies, se dedicó despues a mirar hacia Latinoamérica y mezclar sonidos e influencias, teniendo gran importancia en el cambio de registro el guitarrista castellonense Ramón Godes, productor además del disco más famoso del grupo, Mujer y sentimiento (1985), considerado un pilar del rock latino hecho desde España y que extendía las intenciones ya vislumbradas en el maxi El mono (1984). En los inicios de los 90 llegaron Los Coyotes a su final y este gallego de Tui (Pontevedra) pero instalado en Madrid por sus estudios de Bellas Artes empezó una carrera en solitario sin prisa pero sin pausa -es un conocido diseñador gráfico e ilustrador- en la que se alternan el funk con la música brasileña, la electrónica, el power pop, el intimismo o las versiones de músicas de diferentes culturas (portuguesa, venezolana, griega…) buscando canciones De pueblo y de río. Material más que suficiente tiene para el repertorio que desplegará.

Con unas maneras relajadas, queriendo poner ejemplos en cada explicación para visualizar mejor sus intenciones, Víctor Aparicio Abundancia/Víctor Coyote atiende vía telefónica a Nomepierdoniuna para hablar de pasado y futuro.

>Hablo de memoria, pero no recuerdo actuaciones de Víctor Coyote en estos últimos años en Castellón.
Bueno, sí. En Castellón no hemos estado demasiado. Alguna vez, hace mucho tiempo ya.

>Y vienes para un festival, el Bestialc de l’Alcora, que es muy ecléctico, como tú.
Me llamaron, he visto un poco cómo va y tiene buena pinta. He visto algunos carteles y observo una tendencia al rock and roll y al garage.

>Sí, no falta nunca el rock tirando hacia el garage, pero lo mezclan con reggae, psicodelia, pop, folk...
Pues eso, personalmente, me gusta. Los festivales que son todos de punk rock o de garage o de música étnica… al final son un poco rollo.

>Desde que se anunció la presencia de Víctor Coyote en el Bestialc algunas personas me han pedido que defina tu estilo y me ponen en un problema, ya que les explico que te gusta hacer músicas de diferentes pueblos del mundo y se creen que eres folk, pero les añado que incluyes pop o rock…. y me resulta muy difícil colgarte una etiqueta concreta. Sácame del apuro y ayúdame a definirte.
Bueno, creo… (risas). Es complicado. En el último disco –De pueblo y de río– diría que soy un “crooner de pueblo”, un trabajo más mínimo de instrumentación, más folk,… Pero vengo del rock. Aunque en el rock la batería es “pum cha, pum cha…” y ya está; como Bo Diddley, es eso y ya está. No hay ningún festival de rock en el que las baterías no sean perfectamente intercambiables. Siempre he tenido un sentido pop de la música, pero no el sentido de Andy Warhol, que  me parece un rollo y una antigualla, como una tienda de fotocopias. Me refiero  a pop en el sentido de “popular”, donde entran Ricky Martin, Luis Fonsi o los Rolling Stones: hacer música que se oiga. A raíz de los 60 había una idea de que la música rebelde era el rock and roll, pero después, con un ajuste más fino se ve que no es así. Ahora se está diciendo que el reguetón tiene letras machistas y eso lo dicen los mismos que escuchan “Hey Joe”, porque el rock and roll siempre ha sido de machismos y de gañanes, entre los que me incluyo, porque el rock and roll me encanta. Johnny Burnette me flipa, Bobby Fuller Four me chifla… Lo que creo que es que todo se ve desde la óptica del mundo anglosajón. Si mañana Pink Martini hace una versión de “Despacito”, todo el mundo dirá que es cojonuda; mientras eso no ocurra es un gañanerío. Lo que sí he conseguido es que mis discos, que dicen que son “eclécticos”, que “no sé qué”… tengan todos tienen un sello mío.

>Justo en lo que acabas de comentar reside precisamente una de tus virtudes, que con independencia del contenido, suena a “Víctor Coyote”.
Es que yo no estoy para imitar, no estoy para hacer un disco de salsa y otro de techno. Además, a mí eso de que “me gusta la salsa”… pues dígame usted de qué artista me habla y yo lo diré, lo mismo que el rock and roll. Los Doors no me interesan nada, Johnny Burnette mucho, Jarvis Cocker también me interesa mucho, otros nada… Dentro de todos los estilos me pasa lo mismo. Dentro del bolero Olga Guillot no me gusta nada y me gusta mucho más Vicentico Valdés. Creo que no ha quedado claro, pero bueno, quiero decir que no me interesa hacer discos de género.

“No estoy para imitar. No me interesa hacer discos de género”

>Y dentro de esa variada amalgama de sonidos que te gustan e influyen, ¿cómo afrontas cada disco, con una planificación previa o te van surgiendo las canciones y a partir de ellas vas siguiendo una senda?
Hay discos que sí me los planteo con teoría, aunque para hacer un disco de versiones no hace falta ser un gran artista conceptual. Sí es verdad que cuando veo que lo que estoy haciendo va mucho por un lado hay un momento en el que unifico conceptos, sonidos… En Lucha de migajas, por ejemplo, sí que queríamos que fuese algo como de luxe, como medio electrónico, pero con instrumentos acústicos. En ese caso sí que condicionó las canciones. En el disco de versiones, pues ya sabes a lo que vas. Pero después hay cosas en los que la práctica te supera. Yo no me dedico solo a la música, ya que trabajo en varios apartados, lo que es bueno y es malo. Bueno porque no aguanto a músicos todo el día; malo porque no estoy plenamente metido en la música. Por eso mis tiempos entre discos son largos. Ahora mismo estoy preparando un disco como de ruptura, como el de Björk –Vulnicura-, porque me separé hace dos años, pero como mis tiempos son más largos que los de Björk o de cualquier músico que se dedique de pleno, me temo que no va a ser un disco tan triste y de ruptura, sino que habrá que meter otras cosas y unificarlas,  aunque no creo que haya problema. Quiero decir que a veces hay un concepto rígido y otras en las que la práctica hace que ese concepto se diluya un poco.

>Lo que sí parece claro es que cuanto menos mires tu pasado a la hora de seguir haciendo música, mejor.
No soy un tipo que odie el pasado, ni la nostalgia, ni los filetes rusos. Pero si tengo que vivir en un filete ruso, acabo de él hasta las narices. Y me pasa con muchas cosas. Por ejemplo, “Macarena”, que me parecía que estaba muy bien y que era puro Nueva Orleans, pues acaba uno harto de tanto escucharla. No tengo ningún problema en tocar canciones del pasado o en ir a presentaciones de libros de la Movida. Pero cuando eso supera una porcentaje en mi vida, se me enciende un piloto y me aparto. Pero eso ha sido siempre. Cuando era joven y llevaba tres días de borrachera estaba con ganas de ponerme a dibujar o tocar la guitarra y no prolongar esa situación. A mí me gusta mucho la variedad. La nostalgia no me parece mal, de hecho toco canciones de Los Coyotes y antiguas, pero si en un concierto de 16 canciones, 15 y media son del año 84, pues ya no. Además, las canciones de hace un tiempo no son todas buenas ni cantables ahora mismo. Por ejemplo, “Fiesta salvaje” tiene una letra de lo más adolescente y de lo más boba, y me da un poco de vergüencita cantarla hoy en día… algo que no me pasa con “Cien guitarras” o “Esta noche me voy a bailar”. No reniego del pasado, sino de vivir instalado constantemente en eso.

>La que sí recuperas es “Extraño corte de pelo”, el primer single de Los Coyotes.
No la toco siempre, pero sí que la recupero a veces, sí, sí. Además, con la formación actual, con Ricardo Moreno y Pablo Novoa, va bien. Lo que no hago es tocar 14 canciones antiguas en un concierto.

>Y hablando de músicos, por aquí es posible que te encuentres con Ramón Godes (guitarrista castellonense que fue miembro de Los Coyotes y productor de su disco más famoso, Mujer y sentimiento, de 1985).
A Ramón le estuve viendo hace poco en Madrid. Le sigo la pista y también tenemos pensado hacer algo juntos, pero no hay nada concreto. Me interesa mucho lo que hace como músico.

>Es decir, podría ser que en no demasiado tiempo volvieseis a trabajar juntos…
Bueno, no lo sé. A mí me gustaría. Dependería también de tiempos. Lo hemos hablado alguna vez, pero no hemos concretado nada. Pero sí, ahí está esa opción, y evidentemente sería con una mirada actual, no cantar las canciones antiguas.

>Sí, porque a él tampoco le gusta lo de estar reviviendo el pasado. Busca hacer cosas diferentes a lo ya experimentado.
Lo que ocurre también es que si alguien se empeña en hacer cosas diferentes se puede volver loco. La búsqueda de la originalidad por la originalidad no lleva a ningún lado tampoco. Sí que me gusta ser inquieto e ir moviéndome, pero tampoco te has de obcecar en hacer cosas que sean nuevas porque sí. A mí, un pintor como Morandi, que hacía bodegones con pequeñas variaciones, me encanta, y a veces me gustaría hacer algo así. Por mi carácter, busco cosas nuevas, pero creo que, por ejemplo, casi la mitad de canciones de Los Coyotes son resultados fallidos por buscar algo diferente, por hacer mezclas que no cuajaron. El riesgo no siempre conduce a buenos resultados. El hecho de instalarse en un género y tratar de ser un estilista dentro de él tampoco tiene por qué estar mal. Y hay gente que me gusta por músicas que nada tienen que ver con lo que yo hago.

“Está la opción de volver a hacer algo con Ramón Godes, pero sería con una mirada actual, no cantar las canciones antiguas”

>A Los Coyotes se os colgó la etiqueta de los precursores del rock latino en España. Sin embargo, Ramón me ha comentado en alguna ocasión que para él la novedad principal estuvo en situar la guitarra española al mismo nivel que la eléctrica dentro de las canciones.

En Mujer y sentimiento, que produjo Ramón, es posible que sí, y en el maxi El mono, donde metíamos guitarra twang, que luego utilizó Ricky Martin en “La vida loca”. Lo del rock latino es semiverdad, porque en aquella época Elkin & Nelson, por ejemplo, ya estaban. Y Los Amaya ya metían guitarra eléctrica y española, con unos solos bastante potentes. Y Santana ya existía. Así que todo es relativo. Seguro que en Venezuela, Argentina… lo discutirían, aunque algo de verdad hay. Lo que sí resultó una gran osadía fue que en tiempo de llegada de la Democracia, cuando los progres -con excepciones como Sánchez Ferlosio- pasaron de Quilapayún a decir que Latinoamérica no, que lo que molaba eran París, Berlín y Dublín… nosotros estábamos mirando hacia México DF, Buenos Aires, Perú. Es curioso  que en aquellos momentos a nosotros nos decían que si íbamos de broma. Incluso un periodista moderno escribió en La Luna que nuestra contraportada de Mujer y sentimiento era como una mezcla de New York Dolls y Quilapayún, pero lo decía como insulto, cuando a nosotros nos parecía un piropazo.

>Mùsicos que han incluido sones de otras latitudes acostumbran a comentar que tal o cual viaje les marcó a la hora de crear. Escuchando tus discos, con tus raíces repartidas por medio mundo, da la impresión de que eres alguien que ha viajado mucho, pero parece que no es así.
No, y además soy contrario al turismo, que sirve para que algunas empresas revienten los precios. Estoy a favor de que cada uno haga lo que quiera, aunque unos pueden hacer más lo que quieren que otros. Un vasco o un gallego puede hacer más lo quiere que uno de Mozambique, eso está clarísimo. Además, la distinción entre viajero y turista es algo de cuatro elitistas intelectuales que quieren ponerse por encima del “turista”. Luego, yo sé más de República Dominicana que mucha gente que ha viajado hasta allí, y seguro que me he relacionado con más dominicanos en Madrid que muchos que han ido a hacer turismo. Desde que los discos se inventaron el folklore está en los discos. Para oír “Macarena”, canción típica de la España de determinados años, no hace falta haberse ido al Sacromonte. Además, en todas las ciudades hay hoteles que son iguales, y hay estatuas de personas estando quietas. No digo que no valga para nada viajar, pero está muy sobrevalorado. Y, por otra parte, me adapto a lo que hay: si no tengo dinero paso a odiar el turismo porque no lo puedo hacer, por una cuestión de adaptación.

Portada del disco ‘La manada’, de Ariel Rot, con diseño de Víctor Coyote.

>Ahí te va otra pregunta de definiciones y etiquetados. Si eres músico, diseñador, escritor, locutor radiofónico, director de audiovisuales… ¿Qué respondes cuando te preguntan cuál es tu profesión?
Toco bastante más en directo ahora que en los 80, aunque con menor caché, como todos. Así que en estos momentos me dedico principalmente a la música y al diseño gráfico y la ilustración. Las otras facetas son más eventuales, como actuaciones teatrales en la Fundación Telefónica con motivo de algunas exposiciones. cosas sobre Tesla, Hitchcock…

>Ya que haces referencia a los 80, puede parecer curioso e incluso contradictorio que en aquel momento, con menos medios y disponibilidad, se viviese un mejor momento para los músicos dentro del global de la industria.
Bueno, hoy la música es más accesible para todo el mundo, eso está claro, lo que no quiere decir que la gente acceda más. En una biblioteca hay muchos libros, pero no todos son leídos. Internet es una cosa maravillosa. Si yo voy a un festival y quiero saber cómo son los otros grupos, al momento puedo tener ese conocimiento. Pero esa posibilidad no quiere decir que todo el mundo la utilice. Hoy en día, con audiciones en streaming, Spotify, YouTube,… los grandes hits siguen siendo los de siempre. Se escucha más “Despacito” que Tiao Carreiro e Pardiño, y eso es normal. Y a pesar del giro que ha dado la industria, uno tiene que sacar discos en ciertos formatos antiguos para que se reconozcan como tales. Si sacas dos canciones, eso no tiene relevancia. Pensar que por tener Internet la gente va a escuchar más música es como la memez aquella que se decía de que cuando no estuviese Franco se iba a leer más, y eso no es así. Sigue arrasando la gente que está apoyada y gente oscura siempre habrá aunque esté en Internet. No es lo mismo Bruno Mars que Joe Crepúsculo; eso no ha cambiado ni lo hará.

>Muchas veces se oye el lamento de que la gente joven no se interese más por descubrir cosas, aunque en realidad lo que se está queriendo decir es que la gente joven no se interesa demasiado por ciertos estilos clásicos.
Creo que la gente joven sí escucha muchas cosas. Aunque hay que hacer una distinción. Están los aficionados, aquella gente que siempre ha estado y está interesada por la música. Yo mismo me considero aficionado. En mi  época joven esa gente conocía a Police, los Troggs, Yes, Santana… Y luego estaban los que no eran aficionados, sino que la música era la banda sonora de su juventud, que conocían “September”, “Sweet dreams are made of this”… las canciones que sonaban en la discoteca. Lo que está claro es que los gustos de estos dos tipos de personas no son los mismos. Pero eso también pasa en las carreras de coches. No se puede decir que los chavales no se interesan y que antes si. A ver, chavales ha habido siempre, y aficionados o no, también. El problema es que cuando la nostalgia te come la cabeza, llegan los errores, y la Historia está llena de ellos. Se escucha “parece mentira que te guste o hagas esa música”… Y se ponen ejemplos: “que si la música de los Kaiser Chiefs ya se hacía en los 80″…. ya, ya… y el cantante de los Troggs te dirá que la música de los Jam ya la hacían ellos en los 60. Todo el mundo es inventor de la pólvora cuando tiene 19 años y los demás hacen lo que él ya ha hecho. Y eso es mentira. Lo único cierto es que cuando eres joven te diviertes más, luego te llegan más obligaciones, pensar en la jubilación…

>Pero una persona tan activa y pluridisciplinar como tú se sigue divirtiendo aunque hayan pasado décadas desde que cumplió los 19 años.
Sí, sí, sí. Claro que me divierto. Lo que pasa es que me emborracho menos… y esas cosas. Si tengo nostalgia de algo es de cuando tenía 11 años y pensaba en las chicas y me la sudaba todo, de esa total despreocupación. Ahora te has de buscar la vida. Soy autónomo, lo que está muy bien cuando vas a votar. Ese día me siento como un ángel, como un espíritu libre y altruista, porque a los autónomos ningún partido político nos promete nada; entonces bajas como del cielo con un alma pura y depositas el voto.

>Y para rematar, cuéntanos alguna recomendación sonora que te haya llamado la atención.
Últimamente he escuchado mucha bachata moderna, donde hay cosas que están muy bien y otras son muy horteras. Me ha gustado mucho, por ejemplo, “La moneda”, de Prince Royce. He escuchado mucha música llanera venezolana con Walter Silva. Me ha gustado mucho el último disco de Joe Crepúsculo, Disco duro, y había publicado uno así como latino, Nuevo ritmo, que me parecía que estaba bastante gracioso, pero no le funcionó . Espanto, de Logroño, también me gusta mucho. Tiao Carreiro e Pardiño, que son guitarristas de la zona centro de Brasil, en un estilo 60 o 70. Rhythm & blues de los 60-70. Y últimamente estoy bastante con el flamenco, con Camarón y Chano Lobato, con unas alegrías que están muy bien.


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